danie
solo un pensamiento...
Hoy me quiero fugar de todo,
escaparme de los años serios vestidos de vejez
y llegar a los recovecos de una niñez
aletargada como un pequeño tordo
sobre mi mente y su esquina.
Beber de la infancia y su remedio
que sosiega el desazón de una madura vida.
Hoy es uno de esos tantos días
en donde veo al mundo de cabeza,
sobre desviados rieles
en los que nunca puedo divisar el tranvía
que me lleve a las nanas de luna
y al regazo de una madre cálida
de corazón puro y afectivo.
En donde hastiado de la resaca
busco los trozos del pasado y su lenitivo,
la leche en la media tarde
y los cuentos en la noche
de hadas, princesas y dragones,
las fábulas que me alejan un poco
de la apesadumbrada monotonía.
Hoy suelto al pájaro azul de mi pecho
para que vuele libre por el viento
y pueda jugar nuevamente con los niños,
(añoranza remota de una niñez pretendida),
en una plaza y sus hamacas,
hasta hoy, empolvadas y vacías.
Hoy dejo el traje en la oficina
para que otro tome mi lugar
y haga de hombre con horarios y rutinas,
con discursos de burócratas arrepentidos,
mientras yo retozo con esos sueños que germinan.
escaparme de los años serios vestidos de vejez
y llegar a los recovecos de una niñez
aletargada como un pequeño tordo
sobre mi mente y su esquina.
Beber de la infancia y su remedio
que sosiega el desazón de una madura vida.
Hoy es uno de esos tantos días
en donde veo al mundo de cabeza,
sobre desviados rieles
en los que nunca puedo divisar el tranvía
que me lleve a las nanas de luna
y al regazo de una madre cálida
de corazón puro y afectivo.
En donde hastiado de la resaca
busco los trozos del pasado y su lenitivo,
la leche en la media tarde
y los cuentos en la noche
de hadas, princesas y dragones,
las fábulas que me alejan un poco
de la apesadumbrada monotonía.
Hoy suelto al pájaro azul de mi pecho
para que vuele libre por el viento
y pueda jugar nuevamente con los niños,
(añoranza remota de una niñez pretendida),
en una plaza y sus hamacas,
hasta hoy, empolvadas y vacías.
Hoy dejo el traje en la oficina
para que otro tome mi lugar
y haga de hombre con horarios y rutinas,
con discursos de burócratas arrepentidos,
mientras yo retozo con esos sueños que germinan.
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