ELECTRA
Poeta fiel al portal
Niño de la calle, niño de mi patria
¿Por qué se han marchitado tus manos
Cuando apenas se abren a la vida?
Tus ojos, secos, tanto han llorado,
tus pasos andan sin encontrar la vía,
las calles son tu casa,
el aire, tu sustento,
sin que un alma se apiade
al ver tu sufrimiento.
¿Cuál es tu culpa infante?
¿Qué tanto en vano pagas?
¿El error de tus padres?
¿Haber venido al mundo?
¿El pecado de Eva?
¿O la crueldad del mundo?
Siendo aciago naciste,
adosado a tu pena
y aunque no lo pediste,
vivir, es tu condena.
Guardas en tu mirada
el brillo de la infancia,
pero no la alegría,
la magia o la esperanza,
no te afana el colegio
o las ganas de jugar,
te azota el hambre, el frío
o dónde descansar.
¡Cuánto sufres pequeño!
¡Cuánto dolor te agobia!
Sin que a nadie le importe
cambiar tu triste historia,
pues lamentablemente
en esta sociedad
hay más hipocresía
que solidaridad.
Tanto me pesa el verte
en esta fría mañana
sin que por ti yo pueda,
infante, hacer hoy nada,
mi limosna te ayuda
para comprar un pan
pero ella no te alcanza
para tu bienestar.
¿Qué hacer? ¡Oh Dios!
Para despertar a la patria
que ha abandonado sus niños
sin que por ello le duela el alma.
¿Qué hacer para despertar su conciencia?
Y que ya no sufra,
su impiedad,
¡La inocencia!
¿Por qué se han marchitado tus manos
Cuando apenas se abren a la vida?
Tus ojos, secos, tanto han llorado,
tus pasos andan sin encontrar la vía,
las calles son tu casa,
el aire, tu sustento,
sin que un alma se apiade
al ver tu sufrimiento.
¿Cuál es tu culpa infante?
¿Qué tanto en vano pagas?
¿El error de tus padres?
¿Haber venido al mundo?
¿El pecado de Eva?
¿O la crueldad del mundo?
Siendo aciago naciste,
adosado a tu pena
y aunque no lo pediste,
vivir, es tu condena.
Guardas en tu mirada
el brillo de la infancia,
pero no la alegría,
la magia o la esperanza,
no te afana el colegio
o las ganas de jugar,
te azota el hambre, el frío
o dónde descansar.
¡Cuánto sufres pequeño!
¡Cuánto dolor te agobia!
Sin que a nadie le importe
cambiar tu triste historia,
pues lamentablemente
en esta sociedad
hay más hipocresía
que solidaridad.
Tanto me pesa el verte
en esta fría mañana
sin que por ti yo pueda,
infante, hacer hoy nada,
mi limosna te ayuda
para comprar un pan
pero ella no te alcanza
para tu bienestar.
¿Qué hacer? ¡Oh Dios!
Para despertar a la patria
que ha abandonado sus niños
sin que por ello le duela el alma.
¿Qué hacer para despertar su conciencia?
Y que ya no sufra,
su impiedad,
¡La inocencia!