miguegarza
Poeta que considera el portal su segunda casa
Revisando archivos antiguos, encuentro algunas cosas de cuando empezaba a escribir y que me parece que aún son personalmente vigentes, comparto estos versos en el presente foro.
De antemano, agradezco cualquier comentario y envío apapachos a quienes deseen tomarlos.
Miguel
NO DIGAS
No digas las palabras del amor en la oficina,
no las digas.
Deja mejor que te envuelva el ritmo monótono y gastado
de las horas interminables de un escritorio
y que a la distancia se escuche
el habitual murmullo de los automóviles.
Pero las palabras del amor,
no las digas.
Es preferible que queden ociosos
los dones de tu imaginación
y que tus labios repitan solo palabras permitidas:
Oficio extraviado, copias infinitas, sin acuse de recibo.
Pero las palabras del amor,
no las digas.
Podría de improviso
romperse un invisible filamento de cristal
y caer un ángel herido sobre la mañana,
llamando la atención de quienes desconocen
aquello que invocan las palabras del amor.
Y la presencia de una lluvia lánguida,
arruinaría, sin remedio, los papeles vacíos
donde se aburre el tedio.
Si eso sucediera,
tendría tu alma que juntar cada fragmento
y emprender el vuelo,
para que tu corazón no se llenara del polvo
que acecha en los rincones.
Por eso, las palabras del amor,
no las digas, por favor, no las digas,
no las digas,
no las digas.
De antemano, agradezco cualquier comentario y envío apapachos a quienes deseen tomarlos.
Miguel
NO DIGAS
No digas las palabras del amor en la oficina,
no las digas.
Deja mejor que te envuelva el ritmo monótono y gastado
de las horas interminables de un escritorio
y que a la distancia se escuche
el habitual murmullo de los automóviles.
Pero las palabras del amor,
no las digas.
Es preferible que queden ociosos
los dones de tu imaginación
y que tus labios repitan solo palabras permitidas:
Oficio extraviado, copias infinitas, sin acuse de recibo.
Pero las palabras del amor,
no las digas.
Podría de improviso
romperse un invisible filamento de cristal
y caer un ángel herido sobre la mañana,
llamando la atención de quienes desconocen
aquello que invocan las palabras del amor.
Y la presencia de una lluvia lánguida,
arruinaría, sin remedio, los papeles vacíos
donde se aburre el tedio.
Si eso sucediera,
tendría tu alma que juntar cada fragmento
y emprender el vuelo,
para que tu corazón no se llenara del polvo
que acecha en los rincones.
Por eso, las palabras del amor,
no las digas, por favor, no las digas,
no las digas,
no las digas.
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