Henry Miller
Poeta recién llegado
Cada tarde que se desvanezca entre mis ojos
partida en dos por tu mirada
por tu ausencia de arboles danzantes
yo estaré sumido en mi como una estatua
como una flor errante que se fija un horizonte y una hora
para atravesar los sueños,
como una caricia sin futuro
perdida para siempre y sin remedio,
como una flecha sin destino
que va a parar a esa otra vida
la que no vivimos juntos
la que nos robo la calma.
Hoy hace mas de dos meses
que no miro te miro pasar de largo
fingiendo que no te intereso
o sintiéndolo de veras.
No te he visto cansada y pensativa
sumida en tu pequeño mundo
de personas ingratas y vacías
de un amante cojo que no te mira con el ansia
con la que yo te miro
como si fueras la última
la imperdible
la sin fuero.
Hoy hace mas de dos meses que no escribo
que me arrastro de tarde en tarde
recogiendo pedazos de ti:
Tu corazón de vidrio inastillable
tus ojos lúcidos,
tus palabras sin alma,
tu talle inextinguible,
y luego voy y me duermo
esperando que no venga nada
que los fantasmas me descobijen
que los gatos me caigan encima.
Pero todo se cura,
hay que dejar que suceda todo
que cada aguja haga su trabajo
que cada astilla se digiera,
al final el estómago siempre triunfa
y todo se va
y un día una diminuta flor
alza su cabecita blanca
Y tu te te vas por la vereda del olvido.
partida en dos por tu mirada
por tu ausencia de arboles danzantes
yo estaré sumido en mi como una estatua
como una flor errante que se fija un horizonte y una hora
para atravesar los sueños,
como una caricia sin futuro
perdida para siempre y sin remedio,
como una flecha sin destino
que va a parar a esa otra vida
la que no vivimos juntos
la que nos robo la calma.
Hoy hace mas de dos meses
que no miro te miro pasar de largo
fingiendo que no te intereso
o sintiéndolo de veras.
No te he visto cansada y pensativa
sumida en tu pequeño mundo
de personas ingratas y vacías
de un amante cojo que no te mira con el ansia
con la que yo te miro
como si fueras la última
la imperdible
la sin fuero.
Hoy hace mas de dos meses que no escribo
que me arrastro de tarde en tarde
recogiendo pedazos de ti:
Tu corazón de vidrio inastillable
tus ojos lúcidos,
tus palabras sin alma,
tu talle inextinguible,
y luego voy y me duermo
esperando que no venga nada
que los fantasmas me descobijen
que los gatos me caigan encima.
Pero todo se cura,
hay que dejar que suceda todo
que cada aguja haga su trabajo
que cada astilla se digiera,
al final el estómago siempre triunfa
y todo se va
y un día una diminuta flor
alza su cabecita blanca
Y tu te te vas por la vereda del olvido.