Felipe Antonio Santorelli
Poeta que considera el portal su segunda casa
-¡No es para tanto, hombre!
No es para tanto; dices,
pero duele,
seca las gargantas,
lacera los espíritus,
ataca corazones,
despoja realidades
de prendas de alegría,
y roba; al miserable tiempo,
bocanadas de sonrisas
que se desvanecen
entre recuerdos vanos.
Y sí, me desconozco:
¿De quién es ese rostro
que veo en el espejo?
¿De quién la cicatriz
que marca los silencios?
¿De quién el espinazo
doblado ante el reencuentro?
Y sí, me desconozco:
no soy ese dolor
que suda en mis lamentos,
no soy esa tristeza
que ahoga mis cimientos.
Soy sólo la humareda
que viaja con los vientos.
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No es para tanto; dices,
pero duele,
seca las gargantas,
lacera los espíritus,
ataca corazones,
despoja realidades
de prendas de alegría,
y roba; al miserable tiempo,
bocanadas de sonrisas
que se desvanecen
entre recuerdos vanos.
Y sí, me desconozco:
¿De quién es ese rostro
que veo en el espejo?
¿De quién la cicatriz
que marca los silencios?
¿De quién el espinazo
doblado ante el reencuentro?
Y sí, me desconozco:
no soy ese dolor
que suda en mis lamentos,
no soy esa tristeza
que ahoga mis cimientos.
Soy sólo la humareda
que viaja con los vientos.
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