Solaribus
Poeta veterano en el portal
[video=youtube;bYrboZoTj7c]http://www.youtube.com/watch?v=bYrboZoTj7c[/video]
No es verdad que no estoy a tu lado.
Ya no pueden arrancarte de mis brazos
ni la carcelaria esencia del olvido,
ni la canción desesperada de la muerte,
ni el silencio nocturno,
ni ninguna noche repleta de aullidos ajenos,
tampoco esta falsa cordura de presente anestesiado.
No pueden disfrazar el capullo del alma
con vendajes de fétidas mortajas.
No pueden quebrar el perfume de mis alas
que ronda los cielos de tu casa.
Tan sólo pueden dibujarte diamantes de sal
sobre la seda rosada de tus mejillas amadas.
Tan sólo pueden hablar de estas risas que ahora faltan.
No es verdad que no estoy a tu lado;
como no es verdad que la savia ya no corra
por los vasos vitales,
que el sol haya acabado los latidos,
que no recorra, amamantando, todo nuestro valle,
que tus ojos ya no tamizan el sentido de mi vida,
que la luz de tus manos ya no atraviesen todos los cristales.
Vengo hasta tu árbol de silencio comulgado
a recibir la bendición de tu resina.
A reinterpretar el pasado en clave de reencuentro,
a percibir el campo como tu entrega más santa.
No es verdad que no estoy a tu lado;
si cierras tus ojos de cielo breve, hoy entumecido,
¡verás, en espíritu, que a tu lado estoy arrodillado!
No es verdad que no estoy a tu lado.
Ya no pueden arrancarte de mis brazos
ni la carcelaria esencia del olvido,
ni la canción desesperada de la muerte,
ni el silencio nocturno,
ni ninguna noche repleta de aullidos ajenos,
tampoco esta falsa cordura de presente anestesiado.
No pueden disfrazar el capullo del alma
con vendajes de fétidas mortajas.
No pueden quebrar el perfume de mis alas
que ronda los cielos de tu casa.
Tan sólo pueden dibujarte diamantes de sal
sobre la seda rosada de tus mejillas amadas.
Tan sólo pueden hablar de estas risas que ahora faltan.
No es verdad que no estoy a tu lado;
como no es verdad que la savia ya no corra
por los vasos vitales,
que el sol haya acabado los latidos,
que no recorra, amamantando, todo nuestro valle,
que tus ojos ya no tamizan el sentido de mi vida,
que la luz de tus manos ya no atraviesen todos los cristales.
Vengo hasta tu árbol de silencio comulgado
a recibir la bendición de tu resina.
A reinterpretar el pasado en clave de reencuentro,
a percibir el campo como tu entrega más santa.
No es verdad que no estoy a tu lado;
si cierras tus ojos de cielo breve, hoy entumecido,
¡verás, en espíritu, que a tu lado estoy arrodillado!
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