Carlos Aguilera Sendagorta
Poeta recién llegado
NO HABRÁ YA MÁS MUDANZAS
Ya no habrá más mudanzas ni viajes
y tendremos techo de por vida;
ya no pagaremos por meses por un cuarto
y elegiremos azulejos y cortinas.
Ya no seremos los nómadas del barrio
y no tendremos ropas sin armarios;
ya no seremos los pobres que se gastan
lo que ganan por vivir entre los ricos.
Ya seremos serios sedentarios
e impondremos nuestros sueldos en el banco
para pagar los muros y los suelos
y que duerman por igual los niños y los trastos.
Vamos por fin a redimirnos
y a convertirnos en estables ciudadanos;
ya no habrá que escribir en los listines
calles y números con grafito de lápices delebles.
Ya no cambiaremos nuestras rutas
que pasarán de rutas a rutinas
y aprenderemos los nombres de las calles
y los de los conserjes, jardineros y vecinas.
Vamos a vivir en nuestra casa
porque, a diferencia de las otras,
ésta será de los hijos cuando mueras aunque las otras fueron casas por vividas.
¡Qué recuerdos de todas las que fueron!
que hicimos hogar aun siendo usufructuarios;
en todas nacieron algunos de los niños
y en todas amamos y vivimos
y nos sentimos alojados y queridos.
Qué afán ser propietario
si al cabo nada de lo tuyo va contigo
salvo recuentos e inventarios
de acciones y omisiones y perdones
de pecados y envidias y mentiras
y de amores y de esfuerzos .
Que afán ser de los amos
cuando lo que cuenta es tener sitio
aunque sea lejos
allá donde veamos su Cara y su Infinito
y aunque aquí abajo estemos en precario.
Qué desatino, amor mío, comprar casa
para acabar, si Dios quiere, en ese Cielo
edificado en el éter de lo eterno
sin más muro y sin más techo
que el Incontable gratuito que nos ama .
Ya no habrá más mudanzas ni viajes
y tendremos techo de por vida;
ya no pagaremos por meses por un cuarto
y elegiremos azulejos y cortinas.
Ya no seremos los nómadas del barrio
y no tendremos ropas sin armarios;
ya no seremos los pobres que se gastan
lo que ganan por vivir entre los ricos.
Ya seremos serios sedentarios
e impondremos nuestros sueldos en el banco
para pagar los muros y los suelos
y que duerman por igual los niños y los trastos.
Vamos por fin a redimirnos
y a convertirnos en estables ciudadanos;
ya no habrá que escribir en los listines
calles y números con grafito de lápices delebles.
Ya no cambiaremos nuestras rutas
que pasarán de rutas a rutinas
y aprenderemos los nombres de las calles
y los de los conserjes, jardineros y vecinas.
Vamos a vivir en nuestra casa
porque, a diferencia de las otras,
ésta será de los hijos cuando mueras aunque las otras fueron casas por vividas.
¡Qué recuerdos de todas las que fueron!
que hicimos hogar aun siendo usufructuarios;
en todas nacieron algunos de los niños
y en todas amamos y vivimos
y nos sentimos alojados y queridos.
Qué afán ser propietario
si al cabo nada de lo tuyo va contigo
salvo recuentos e inventarios
de acciones y omisiones y perdones
de pecados y envidias y mentiras
y de amores y de esfuerzos .
Que afán ser de los amos
cuando lo que cuenta es tener sitio
aunque sea lejos
allá donde veamos su Cara y su Infinito
y aunque aquí abajo estemos en precario.
Qué desatino, amor mío, comprar casa
para acabar, si Dios quiere, en ese Cielo
edificado en el éter de lo eterno
sin más muro y sin más techo
que el Incontable gratuito que nos ama .