No hay lluvia que borre la mancha

James De la rosa

Juan Carlos Tuñon
Camina en cuclillas
para no hacer ruido,
se va entre las sombras,
negro su vestido.

Y deja la casa
que queda dormida,
hace se al camino
por el que camina.

Anda muy deprisa,
parece que corre,
agitado aliento,
del amor su nombre.

Árboles derraman
oscuras promesas,
el bosque callado
espera respuestas.

La luna marchita
da luz como faro,
la hora,el momento,
el telón,el acto.

Mira a todos lados,
parece asustada,
espera a su amado
para ser amada.

Aparece bello
pero despiadado,
la sonrisa rota,
un brillo malvado.

Se entrega a sus brazos
mas bien garras fuertes,
la da dos tortazos,
la rompe dos dientes.

Presa y aturdida
de piedra templada,
llora con congoja
brillantes de plata.

Agita sus muslos
de furia descarga,
babea a su oído
-muerta estás si hablas.

Huye el mal bicho
y ella resucita,
toda magullada
vuelve a su casita.

Su cuerpo está sucio
las aguas no lavan,
ni las penas limpian
dolores del alma:
el jabón no limpia
ni el agua aclara,
la pena profunda
de un alma violada.
 

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