laprincesadelasletras
Poeta recién llegado
No quiero mirar el día, ni del sol sus rayos
Nada se compara a tus otoñales burbujas,
Refugiándose en mi corazón taciturno y cansado.
¡Hoy quisiera deshacerme de tu ausencia abstrusa!
No es voluntad mía, tampoco voluntad tuya
Cómo me pesa la vista, no te veré mañana;
No te veré pronto, ni a mí tus burbujas tan claras.
No hay quimera tan extensa para imaginarte,
ni un camino de vuelta cuando no pueda hallarte
Sin tu voz tranquila la vigilia me abraza sin tregua,
maravillada en el grato recuerdo de tu risa ingenua.
De las tardes de fuego en las que suelo inventarte,
mi alma transida de soledad no consigue librarse,
sin verte, sin amarte para qué sirve el alma,
nada es preciso en éstas horas sin tu calma.
No quiero mirar el día, ni del sol sus rayos
Nada se compara a tus otoñales burbujas,
Refugiándose en mi corazón taciturno y cansado.
¡Hoy quisiera deshacerme de tu ausencia abstrusa!
No es voluntad mía, tampoco voluntad tuya
Cómo me pesa la vista, no te veré mañana;
No te veré pronto, ni a mí tus burbujas tan claras.
No hay quimera tan extensa para imaginarte,
ni un camino de vuelta cuando no pueda hallarte
Sin tu voz tranquila la vigilia me abraza sin tregua,
maravillada en el grato recuerdo de tu risa ingenua.
De las tardes de fuego en las que suelo inventarte,
mi alma transida de soledad no consigue librarse,
sin verte, sin amarte para qué sirve el alma,
nada es preciso en éstas horas sin tu calma.
Nada se compara a tus otoñales burbujas,
Refugiándose en mi corazón taciturno y cansado.
¡Hoy quisiera deshacerme de tu ausencia abstrusa!
No es voluntad mía, tampoco voluntad tuya
Cómo me pesa la vista, no te veré mañana;
No te veré pronto, ni a mí tus burbujas tan claras.
No hay quimera tan extensa para imaginarte,
ni un camino de vuelta cuando no pueda hallarte
Sin tu voz tranquila la vigilia me abraza sin tregua,
maravillada en el grato recuerdo de tu risa ingenua.
De las tardes de fuego en las que suelo inventarte,
mi alma transida de soledad no consigue librarse,
sin verte, sin amarte para qué sirve el alma,
nada es preciso en éstas horas sin tu calma.
No quiero mirar el día, ni del sol sus rayos
Nada se compara a tus otoñales burbujas,
Refugiándose en mi corazón taciturno y cansado.
¡Hoy quisiera deshacerme de tu ausencia abstrusa!
No es voluntad mía, tampoco voluntad tuya
Cómo me pesa la vista, no te veré mañana;
No te veré pronto, ni a mí tus burbujas tan claras.
No hay quimera tan extensa para imaginarte,
ni un camino de vuelta cuando no pueda hallarte
Sin tu voz tranquila la vigilia me abraza sin tregua,
maravillada en el grato recuerdo de tu risa ingenua.
De las tardes de fuego en las que suelo inventarte,
mi alma transida de soledad no consigue librarse,
sin verte, sin amarte para qué sirve el alma,
nada es preciso en éstas horas sin tu calma.
Nada se compara a tus otoñales burbujas,
Refugiándose en mi corazón taciturno y cansado.
¡Hoy quisiera deshacerme de tu ausencia abstrusa!
No es voluntad mía, tampoco voluntad tuya
Cómo me pesa la vista, no te veré mañana;
No te veré pronto, ni a mí tus burbujas tan claras.
No hay quimera tan extensa para imaginarte,
ni un camino de vuelta cuando no pueda hallarte
Sin tu voz tranquila la vigilia me abraza sin tregua,
maravillada en el grato recuerdo de tu risa ingenua.
De las tardes de fuego en las que suelo inventarte,
mi alma transida de soledad no consigue librarse,
sin verte, sin amarte para qué sirve el alma,
nada es preciso en éstas horas sin tu calma.