Claridad
Poeta que considera el portal su segunda casa
No hay ropa en mi piel
que pueda cubrir el quebranto de los músculos,
y la destrozante agonía de los huesos
que molidos hasta el tuétano
complementan mi respuesta
desde este sótano
en el que mi amor por ti va.
No hay comida
que me diga
la suplencia de la necesidad de alimentarme,
aunque,
de amor en las salidas,
me dejan comer cualquier cosa
que tenga apariencia de algo
que pueda meterse en la boca.
No hay nada en el infierno.
No es como lo pintan
ni es como se muere,
ni cómo se vive,
ni es como se sabe.
Pero es como se siente.
No hay fuego,
no hay agua,
no hay gente,
no hay sol,
no hay vida
Estoy en el infierno...
y aun aquí,
amo.
que pueda cubrir el quebranto de los músculos,
y la destrozante agonía de los huesos
que molidos hasta el tuétano
complementan mi respuesta
desde este sótano
en el que mi amor por ti va.
No hay comida
que me diga
la suplencia de la necesidad de alimentarme,
aunque,
de amor en las salidas,
me dejan comer cualquier cosa
que tenga apariencia de algo
que pueda meterse en la boca.
No hay nada en el infierno.
No es como lo pintan
ni es como se muere,
ni cómo se vive,
ni es como se sabe.
Pero es como se siente.
No hay fuego,
no hay agua,
no hay gente,
no hay sol,
no hay vida
Estoy en el infierno...
y aun aquí,
amo.
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