café en chernobyl
Poeta recién llegado
No hay palabras
En un andén de diamantes
alrededor de minas de cráneos
y terraplenes incas,
mi abuela de hielo come un pastel.
Ella con su ternura
de besos bombón y de historias
de perros, extraña la casa;
como yo, a mis amigos de rayuela.
En esa sala, de arañas
de barato cristal y de botellas
de cerveza, sentada yace
con su oído de xilófono sin
tecla, con sus manos de mundo.
Algo se ha olvidado,
algo se ha muerto en mí,
me pregunta por ella, llora por él,
sus ojos de bosque
andan perdidos entre mis
cabellos rubios.
¿Por qué no puedo decirle
que la quiero?
Sé que ella nunca leerá esto.
Soy una hoja húmeda
en la deforestación.
En un andén de diamantes
alrededor de minas de cráneos
y terraplenes incas,
mi abuela de hielo come un pastel.
Ella con su ternura
de besos bombón y de historias
de perros, extraña la casa;
como yo, a mis amigos de rayuela.
En esa sala, de arañas
de barato cristal y de botellas
de cerveza, sentada yace
con su oído de xilófono sin
tecla, con sus manos de mundo.
Algo se ha olvidado,
algo se ha muerto en mí,
me pregunta por ella, llora por él,
sus ojos de bosque
andan perdidos entre mis
cabellos rubios.
¿Por qué no puedo decirle
que la quiero?
Sé que ella nunca leerá esto.
Soy una hoja húmeda
en la deforestación.