legendario
Poeta que considera el portal su segunda casa
No importa donde estés
que yo te canto,
que yo te digo notas,
que me adentro en tu pecho de jalea
para nutrir mi cantera
de alabastro.
No sabes cuantas noches
he mojado mis manos
rememorando grutas
que tenebrosos piélagos
cantearon.
Yo sé que estás
en esa orilla maldecida,
justo del otro lado;
donde el recuerdo aprieta
y la arena es aborto
de un orgasmo.
No importa donde estés
que mi fantasma llega
merodeando el filón
de tus acantilados,
como queriendo hurgar
en los atajos
el último gemido de tus labios.
No sé que inmarcesible invierno
heló mis alas,
y cual palmípedo aprendiz
busco un verano
para llegar a tu tierra de fuego
y quemar mi destreza
en tus encantos.
Sé que se acerca el día,
la hora cero;
que ya en la esfera se ha borrado
el tic tac de la ausencia
y yo, ya no te busco;
tan solo espero
en la impaciente orilla
de mis hados
que yo te canto,
que yo te digo notas,
que me adentro en tu pecho de jalea
para nutrir mi cantera
de alabastro.
No sabes cuantas noches
he mojado mis manos
rememorando grutas
que tenebrosos piélagos
cantearon.
Yo sé que estás
en esa orilla maldecida,
justo del otro lado;
donde el recuerdo aprieta
y la arena es aborto
de un orgasmo.
No importa donde estés
que mi fantasma llega
merodeando el filón
de tus acantilados,
como queriendo hurgar
en los atajos
el último gemido de tus labios.
No sé que inmarcesible invierno
heló mis alas,
y cual palmípedo aprendiz
busco un verano
para llegar a tu tierra de fuego
y quemar mi destreza
en tus encantos.
Sé que se acerca el día,
la hora cero;
que ya en la esfera se ha borrado
el tic tac de la ausencia
y yo, ya no te busco;
tan solo espero
en la impaciente orilla
de mis hados