YELENIA MARGELIA
Namaste
No la detengas.
Vístele de flores el camino
por donde llegar a ti.
No la detengas.
Abrázala con lunas de miel
para que tus ausencias
que dejaron tonos diferentes en su piel,
arrugas buscando el maniquí de su vestido
los genes del recuerdo los envuelva.
No la detengas.
Toma el brillo de sus ojos
al pensarte
destéjelo en pedazos
conviértelo en oro de estrellas
para arropar
vuestras noches.
No la detengas.
Cuando sientas
latir su corazón
ábrelo en corona de espinas
sobre tus sienes
y escucha el mensaje de los dioses.
No la detengas.
Llora con ella sus miedos
y los tuyos
naveguen en la sal
polinizadora
de tiempos dorados.
No la detengas.
Percibe el murmullo
tembloroso de su piel
la magia de su aliento volcánico
susurrando en tu oído
y derrumba esa coraza
que te mantiene alejado
del centro de tus silencios.
Y si aun así decides detenerla,
su ternura se convertirá en glaciar
su calor incendiará los campos
su miedo se esconderá en las piedras.
Quedaran los dos
sumergidos
en los océanos de una muerte
que quiso celebrar la vida.
Vístele de flores el camino
por donde llegar a ti.
No la detengas.
Abrázala con lunas de miel
para que tus ausencias
que dejaron tonos diferentes en su piel,
arrugas buscando el maniquí de su vestido
los genes del recuerdo los envuelva.
No la detengas.
Toma el brillo de sus ojos
al pensarte
destéjelo en pedazos
conviértelo en oro de estrellas
para arropar
vuestras noches.
No la detengas.
Cuando sientas
latir su corazón
ábrelo en corona de espinas
sobre tus sienes
y escucha el mensaje de los dioses.
No la detengas.
Llora con ella sus miedos
y los tuyos
naveguen en la sal
polinizadora
de tiempos dorados.
No la detengas.
Percibe el murmullo
tembloroso de su piel
la magia de su aliento volcánico
susurrando en tu oído
y derrumba esa coraza
que te mantiene alejado
del centro de tus silencios.
Y si aun así decides detenerla,
su ternura se convertirá en glaciar
su calor incendiará los campos
su miedo se esconderá en las piedras.
Quedaran los dos
sumergidos
en los océanos de una muerte
que quiso celebrar la vida.