ONICE
Poeta fiel al portal
Yo crecí en este amor de juventud loco,
dónde en mi pecho, el hueco se llenaba de auroras.
Donde el silencio, impaciente, ardía en los párpados.
Resurgí, de la infancia que jugaba entre sombras...
Sí. Dejó la oscuridad, de devorarme
en sus fondos fugitivos.
Y una nueva alborada de sentimientos,
escapó del dolor, quedando atrás, la edad
infinita de desdeñados recuerdos.
Por eso, no me extraño cuando siento esa,
tu mirada, entre tanta multitud.
Ni cuando tus ojos andan descalzos, desnudos,
sobre mis movimientos, sobre mis gestos...
Ni cuando tu boca se llena de riquezas o
suspiros, y se forma de repente, así, sin más,
una pradera perpétua de abrazos eternos.
No me extraña, cuando tus dedos dibujan
sobre mi nuca, y el cosquilleo de tus yemas,
sepultan las memorias de aquellos tiempos...
Ni me extraño cuando la lluvia se despliega
resonando celestial, entre calles mojadas,
y sus gotas te empapan, te besan ocultas
en su dulce delirio sobre el cuerpo.
No me extraño, cuando la brisa abandona
aromas de jazmínes en tus manos.
Ni me extraño, que envuelvas nuestras huellas
en atardeceres púrpuras que mudan su piel.
No me extraña, que seas tu quien me nombra.
Ni me extraña, que seas todo para mí.
No me extraña,
que los dos seamos uno...
entre tanta multitud.
ONICE
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