DAMAR BOREALIS
Poeta fiel al portal
No me pidas perdones
que he de darte mentirosa,
no me pidas que piense una vez mas las cosas
que si perdonar y pensar me fuera fácil,
no estaría clavada en esta silla,
aferrada a una botella como orilla
y hundida en black hole de cocaína.
No des explicaciones inventadas,
no justifiques con llanto miserable
el ardor de tu bragueta injustificable,
no pidas una vez mas de mi humedad
ser bañista
cuando en otras humedades te has ahogado.
Yo fingiré que nada pasa
cuando a la vuelta de una esquina
vuelva a verte,
levantare el pecho
y haré ondular mi cadera fanfarrona
para que veas una vez mas
lo que has perdido.
Y no asaltes con mensajes suplicantes
la paz de mi teléfono dormido,
no agotes la paciencia que me cargo
para pedir oportunidades
que no concederé por mas que duela
la ausencia de tu cuerpo dentro mio.
Deja que pasen ochenta años,
cuando vieja y decrepita
sea buscadora
de caricias indignas y aburridas,
entonces si llegaras como ahora,
muerto de sed perro perdido,
podría por compasión
dejar que puesto a mis pies
lamas mi herida.
A punto de agotarse la botella
y el sobre vació de cocaína,
te suplico que te mueras por un siglo
y después llames
a ver si estoy despierta.
¡MALDITA SEA!
que he de darte mentirosa,
no me pidas que piense una vez mas las cosas
que si perdonar y pensar me fuera fácil,
no estaría clavada en esta silla,
aferrada a una botella como orilla
y hundida en black hole de cocaína.
No des explicaciones inventadas,
no justifiques con llanto miserable
el ardor de tu bragueta injustificable,
no pidas una vez mas de mi humedad
ser bañista
cuando en otras humedades te has ahogado.
Yo fingiré que nada pasa
cuando a la vuelta de una esquina
vuelva a verte,
levantare el pecho
y haré ondular mi cadera fanfarrona
para que veas una vez mas
lo que has perdido.
Y no asaltes con mensajes suplicantes
la paz de mi teléfono dormido,
no agotes la paciencia que me cargo
para pedir oportunidades
que no concederé por mas que duela
la ausencia de tu cuerpo dentro mio.
Deja que pasen ochenta años,
cuando vieja y decrepita
sea buscadora
de caricias indignas y aburridas,
entonces si llegaras como ahora,
muerto de sed perro perdido,
podría por compasión
dejar que puesto a mis pies
lamas mi herida.
A punto de agotarse la botella
y el sobre vació de cocaína,
te suplico que te mueras por un siglo
y después llames
a ver si estoy despierta.
¡MALDITA SEA!
Última edición: