Isaías Súvel
Me gusta más el seudónimo ARREBATADO DE TERNURA.-
NO PAGO REPARACIONES
-----------------------------------------------------------------------------------
Me dices cariño que yo
destrocé,
la lumbre del nido, su calma.
Su fuego,
su agua, su azúcar,
sus cremas,
su sal.
Y que te hice pedazos
el alma,
en todo éste largo y oscuro
gran trecho
de gemas
de mal.
De mal de poner mis ojos
siniestros
poemas,
en otras profundas y húmedas
trincheras.
De gastar nuestras noches tan tuyas
enteras,
tan mías y tuyas
de amar.
Y por esto mi vida en tu pecho
no está,
el faro de llamas que alumbra,
el hogar.
Mas, recuérdalo siempre
cariño,
mi cielo;
que de éste mi celo por ti,
el velo
y el fuego,
lo corrió, lo apagó,
el frío que trajo el mal tiempo
de tu amor
ya otoñal.
¿O tal vez
otro viento banal?.
¿Otro faro lejano,
te hizo cercano
otros besos de amar?
Y pues yo encontré
en otro campo
el cariño,
y abandoné yo mi pecho
cual niño:
inquieto, travieso, lloroso,
y rapaz.
Y si esto te hirió las entrañas
quizás,
yo no debo pagarte jamás
el reparo,
pues mi desvío fue urgente
amparo,
a mi boca que busca y busca
besar.
Por eso te digo ahora
dulzura,
dulzura de sal y violenta
ternura:
que si tú despreciaste mis besos
de fuego,
y también despreciaste mis besos
de seda,
búscate amor por ahí
quien te pueda,
tu orgullo tan grande
calmar.
Tu orgullo de plata, de acero
tan duro,
tan gris, tan cerrado, tan frío
y maduro.
Tu orgullo de piedra, entereza
de guerras,
de roca de mares lejanos
¡Tan negra!.
Tu orgullo de puertas cerradas
de hierro,
que ni aún ni el sol
ni el frío
pueden entrar.
Pues, búscate vida, si alguien
pudiera,
por si así pudiera decirse:
tu orgullo
de nieve quemada
y de soles oscuros
sanar.
Tu orgullo que miente
a las piedras y al pan.
Tu orgullo
que nunca podrás extinguirlo,
como bien
yo se que tampoco
podrás,
mi recuerdo en tu pecho
apagar.
Y si tú,
me haces sufrir con tu ausencia;
mil lunas a ti,
por mi,
te torturarán.
&&&&&&
-----------------------------------------------------------------------------------
Me dices cariño que yo
destrocé,
la lumbre del nido, su calma.
Su fuego,
su agua, su azúcar,
sus cremas,
su sal.
Y que te hice pedazos
el alma,
en todo éste largo y oscuro
gran trecho
de gemas
de mal.
De mal de poner mis ojos
siniestros
poemas,
en otras profundas y húmedas
trincheras.
De gastar nuestras noches tan tuyas
enteras,
tan mías y tuyas
de amar.
Y por esto mi vida en tu pecho
no está,
el faro de llamas que alumbra,
el hogar.
Mas, recuérdalo siempre
cariño,
mi cielo;
que de éste mi celo por ti,
el velo
y el fuego,
lo corrió, lo apagó,
el frío que trajo el mal tiempo
de tu amor
ya otoñal.
¿O tal vez
otro viento banal?.
¿Otro faro lejano,
te hizo cercano
otros besos de amar?
Y pues yo encontré
en otro campo
el cariño,
y abandoné yo mi pecho
cual niño:
inquieto, travieso, lloroso,
y rapaz.
Y si esto te hirió las entrañas
quizás,
yo no debo pagarte jamás
el reparo,
pues mi desvío fue urgente
amparo,
a mi boca que busca y busca
besar.
Por eso te digo ahora
dulzura,
dulzura de sal y violenta
ternura:
que si tú despreciaste mis besos
de fuego,
y también despreciaste mis besos
de seda,
búscate amor por ahí
quien te pueda,
tu orgullo tan grande
calmar.
Tu orgullo de plata, de acero
tan duro,
tan gris, tan cerrado, tan frío
y maduro.
Tu orgullo de piedra, entereza
de guerras,
de roca de mares lejanos
¡Tan negra!.
Tu orgullo de puertas cerradas
de hierro,
que ni aún ni el sol
ni el frío
pueden entrar.
Pues, búscate vida, si alguien
pudiera,
por si así pudiera decirse:
tu orgullo
de nieve quemada
y de soles oscuros
sanar.
Tu orgullo que miente
a las piedras y al pan.
Tu orgullo
que nunca podrás extinguirlo,
como bien
yo se que tampoco
podrás,
mi recuerdo en tu pecho
apagar.
Y si tú,
me haces sufrir con tu ausencia;
mil lunas a ti,
por mi,
te torturarán.
&&&&&&
Última edición: