Alberto Alcoventosa
Poeta adicto al portal
Me sumergí en la nada,
y, en su inmenso vacío,
yo pude verte el alma.
Congelada de frío,
cual blanca cencellada
sobre un campo baldío.
Para mi amor, vedada,
no malgasté un suspiro,
siquiera una palabra.
Pues, era desatino,
cual esperanza vana,
contrario a mi destino.
Me refugié en la nada,
y, en su eterno vacío,
hallé lo que buscaba.
Y lo tomé, cual mío.
Luego, no pasó nada:
desolación y hastío
y, en su inmenso vacío,
yo pude verte el alma.
Congelada de frío,
cual blanca cencellada
sobre un campo baldío.
Para mi amor, vedada,
no malgasté un suspiro,
siquiera una palabra.
Pues, era desatino,
cual esperanza vana,
contrario a mi destino.
Me refugié en la nada,
y, en su eterno vacío,
hallé lo que buscaba.
Y lo tomé, cual mío.
Luego, no pasó nada:
desolación y hastío