Jorge Mosquera
Poeta recién llegado
No pretendo ser la llama de tu hoguera,
ni el calor de tus latidos,
mucho menos tus quimeras.
No pretendo ser el sol de tus mañanas,
ni siquiera un minuto de tu tiempo,
ni el tiempo que duran tus suspiros en el viento.
No pretendo cobijarme con tus sueños,
ni ser la estrella fugaz que se pasee por tu cielo,
ni la otra mitad de tu luna, ni siquiera el fulgor de tus luceros.
No pretendo de tus poemas ser el verso,
ni su tinta ni su inspiración,
mucho menos que mi nombre se haga en tu voz canción.
No pretendo ser la caricia que te roce el alma,
ni la sombra de los besos que no te han dado,
mucho menos ser el espacio vacío ahí a tu lado.
No pretendo ser el pincel de tu sonrisa,
ni siquiera el paisaje en tu mirada,
ni la huella de una de tus lágrimas.
Y es que no pretendo que me pienses,
peor aún que me recuerdes,
mucho menos que me extrañes.
Sólo pretendo, en el ocaso de estos versos,
con la acuarela de mis palabras,
empezar a pintarte el amanecer de mis te quiero.
ni el calor de tus latidos,
mucho menos tus quimeras.
No pretendo ser el sol de tus mañanas,
ni siquiera un minuto de tu tiempo,
ni el tiempo que duran tus suspiros en el viento.
No pretendo cobijarme con tus sueños,
ni ser la estrella fugaz que se pasee por tu cielo,
ni la otra mitad de tu luna, ni siquiera el fulgor de tus luceros.
No pretendo de tus poemas ser el verso,
ni su tinta ni su inspiración,
mucho menos que mi nombre se haga en tu voz canción.
No pretendo ser la caricia que te roce el alma,
ni la sombra de los besos que no te han dado,
mucho menos ser el espacio vacío ahí a tu lado.
No pretendo ser el pincel de tu sonrisa,
ni siquiera el paisaje en tu mirada,
ni la huella de una de tus lágrimas.
Y es que no pretendo que me pienses,
peor aún que me recuerdes,
mucho menos que me extrañes.
Sólo pretendo, en el ocaso de estos versos,
con la acuarela de mis palabras,
empezar a pintarte el amanecer de mis te quiero.
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