Maktú
Poeta que considera el portal su segunda casa
No quiero madre, no quiero,
que el miedo te dé su frío,
que venga crudo y sombrío
a buscarte el aguacero.
Tu cariño verdadero
aún lo quiero conmigo,
que prosigas dando abrigo
a este niño majadero.
No quiero madre perderte
cuando más te necesito,
así pido al Dios bendito,
que haga tu cuerpo más fuerte.
Debes, vieja, darte suerte
y llegar hasta la orilla,
no humillarte la rodilla
ni siquiera ante la muerte.
No quiero, madre, no quiero,
verte triste y desgraciada,
con tu cara medio helada
en tu lecho carcelero.
Quiero ser tu caballero
y salvarte del abismo,
ya que tú hiciste lo mismo,
salvándome a mí primero.
No quiero madre que el día
te sorprenda cabizbaja,
cuando tienes la ventaja
de ser tú mujer bravía.
Sé más grande todavía
y date al viento de frente
para que el viento comente:
¡fuerte mujer, madre mía!
que el miedo te dé su frío,
que venga crudo y sombrío
a buscarte el aguacero.
Tu cariño verdadero
aún lo quiero conmigo,
que prosigas dando abrigo
a este niño majadero.
No quiero madre perderte
cuando más te necesito,
así pido al Dios bendito,
que haga tu cuerpo más fuerte.
Debes, vieja, darte suerte
y llegar hasta la orilla,
no humillarte la rodilla
ni siquiera ante la muerte.
No quiero, madre, no quiero,
verte triste y desgraciada,
con tu cara medio helada
en tu lecho carcelero.
Quiero ser tu caballero
y salvarte del abismo,
ya que tú hiciste lo mismo,
salvándome a mí primero.
No quiero madre que el día
te sorprenda cabizbaja,
cuando tienes la ventaja
de ser tú mujer bravía.
Sé más grande todavía
y date al viento de frente
para que el viento comente:
¡fuerte mujer, madre mía!