Mis ojos hoy añoran lo no visto,
solo tengo tu ausencia desgraciada,
mis oídos sordos de dolencias
y mis manos rojas que te llaman.
En mis venas la sangre es dulce agua,
los latidos son potros cansados
no sé por qué mi boca se hace amarga
y mis manos tiemblan cuando te llamo.
Si nunca te he tenido, no te tengo,
maldito cariño del infierno,
mutilas mis manos, mis sentidos
tú tan blanco calmas mi rojo enardecido.
Soy débil a tus antojos, subyugada,
me seduces con cada pétalo en verso
y quedo desnuda cual rosa en el desierto
a pesar de que el tiempo no pueda ser nuestro.
Esto es más que la daga de un te quiero
y hasta que un dulcísimo te amo, prisionero,
yo quiero contigo mucho más que sexo
es tan difícil decirte lo que temo.