Maktú
Poeta que considera el portal su segunda casa
No puedo soportar tamaña ausencia
ni el roto que dejó tu aciaga muerte;
no puedo soportar tan mala suerte
ni el peso de vivir tu inexistencia.
No puedo soportar tal penitencia
ni puedo resistir golpe tan fuerte;
no puedo si no puedo convencerte
que vives en la fe de mi conciencia.
Te observo dando rostro a la mañana,
latente en los sonetos que me escribo,
perenne en el cristal de mi ventana.
Te llamo y al nombrarte te recibo
flamante como el sol en la fontana,
haciéndote milagro en lo que vivo.
ni el roto que dejó tu aciaga muerte;
no puedo soportar tan mala suerte
ni el peso de vivir tu inexistencia.
No puedo soportar tal penitencia
ni puedo resistir golpe tan fuerte;
no puedo si no puedo convencerte
que vives en la fe de mi conciencia.
Te observo dando rostro a la mañana,
latente en los sonetos que me escribo,
perenne en el cristal de mi ventana.
Te llamo y al nombrarte te recibo
flamante como el sol en la fontana,
haciéndote milagro en lo que vivo.