Francisco de Torres
Poeta asiduo al portal
No supo la noche guardar el silencio.
Ni tampoco callar el latido de ti misma,
para llenarte de ausencias infinitas.
Tampoco supo la noche de tus sueños,
de esas palabras que tú yo
nos decíamos en secreto,
en medio de la vida que nos sostenía.
No fue fácil, lo reconozco, llegar hasta ti.
Hasta el encuentro de tu verticalidad.
Y por eso pregunté a la noche,
y ensimismada entre las sombras,
no me respondía.
No supo la noche que yo te amaba,
con ese amor transparente, puro,
oculto a sus ojos vacíos,
amor de un solo instante,
que consume la vida.
No supo, o no quiso saber,
el secreto que guardábamos al mundo.
La complicidad de dos seres frente a frente,
unidos a su destino,
que el tiempo sostiene entre sus dedos.
No supo la noche de aquello
que tú y yo sabemos, jugando a escondidas
por los desvanes del tiempo.
Ni tampoco callar el latido de ti misma,
para llenarte de ausencias infinitas.
Tampoco supo la noche de tus sueños,
de esas palabras que tú yo
nos decíamos en secreto,
en medio de la vida que nos sostenía.
No fue fácil, lo reconozco, llegar hasta ti.
Hasta el encuentro de tu verticalidad.
Y por eso pregunté a la noche,
y ensimismada entre las sombras,
no me respondía.
No supo la noche que yo te amaba,
con ese amor transparente, puro,
oculto a sus ojos vacíos,
amor de un solo instante,
que consume la vida.
No supo, o no quiso saber,
el secreto que guardábamos al mundo.
La complicidad de dos seres frente a frente,
unidos a su destino,
que el tiempo sostiene entre sus dedos.
No supo la noche de aquello
que tú y yo sabemos, jugando a escondidas
por los desvanes del tiempo.