BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
No te fijes, amor
en esos trozos vacíos,
en aquellos columpios
forzosamente abandonados,
en esos añicos definitivamente
amarillentos y mortecinos
de ambos. Fíjate más bien,
en aquella concupiscencia eterna
de nuestras almas infantiles,
del peso concreto de las estrellas
que, con manos y besos, abarcamos.
Despójate de tus labios
decididamente enmudecidos, ladinamente
acongojados, y miente, miénteme,
hasta tenerme entre tus dientes
como a un petirrojo en la noche.
©
en esos trozos vacíos,
en aquellos columpios
forzosamente abandonados,
en esos añicos definitivamente
amarillentos y mortecinos
de ambos. Fíjate más bien,
en aquella concupiscencia eterna
de nuestras almas infantiles,
del peso concreto de las estrellas
que, con manos y besos, abarcamos.
Despójate de tus labios
decididamente enmudecidos, ladinamente
acongojados, y miente, miénteme,
hasta tenerme entre tus dientes
como a un petirrojo en la noche.
©