No te venció el tiempo
tampoco la tempestad.
Limitó tu momento
una distrofia muscular.
Enfermedad que te quitó el movimiento
más no así tu mirar
ni tu lengua de acero.
A estas horas que evoco tu recuerdo
perdona que moleste tu eterno sueño.
Pero aún no está dicho todo:
Ni las travesuras
ni los consejos a tu modo.
Perdona, Javier, que ahora te repito
de lo mucho que me enseñaste
aún no sé como transmitirlo.
En amor, ya no soy tan testarudo
aunque me falte mucho
para llegar a la bondad en punto.
Mis pasos se cansarán antes
de lograr emularte
y entonces pasare a rendir cuentas.
Pide a Dios benevolencia
y que perdone mis peripecias.
Una vez indultado del fuego eterno
compartiremos una correría en el cielo.
A ti mi amigo, no te venció la edad ni el tiempo,
te venció tu propio cuerpo.
Hasta en eso fuiste un gran necio.
tampoco la tempestad.
Limitó tu momento
una distrofia muscular.
Enfermedad que te quitó el movimiento
más no así tu mirar
ni tu lengua de acero.
A estas horas que evoco tu recuerdo
perdona que moleste tu eterno sueño.
Pero aún no está dicho todo:
Ni las travesuras
ni los consejos a tu modo.
Perdona, Javier, que ahora te repito
de lo mucho que me enseñaste
aún no sé como transmitirlo.
En amor, ya no soy tan testarudo
aunque me falte mucho
para llegar a la bondad en punto.
Mis pasos se cansarán antes
de lograr emularte
y entonces pasare a rendir cuentas.
Pide a Dios benevolencia
y que perdone mis peripecias.
Una vez indultado del fuego eterno
compartiremos una correría en el cielo.
A ti mi amigo, no te venció la edad ni el tiempo,
te venció tu propio cuerpo.
Hasta en eso fuiste un gran necio.
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