Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Noche cálida en esta primavera,
tu perfume se deja sentir a distancia,
la brisa lo trae con el vaivén de la música,
que desde el fondo del lugar se deja escuchar.
Sometimiento embriagante,
inunda mis sentidos
y me dejo llevar hasta tenerte cerca,
tan cerca,
que tu respirar acaricia mi boca.
Rodeo tu cintura,
te miro mas allá de tus ojos
y le hago un guiño a tus labios,
las velas nos sonríen cómplices titilando tras las cortinas,
el aire se transforma en brisa
trayéndonos silbidos de árboles,
que tras el ventanal
fisgonean nuestro trenzar,
abriéndose placenteras sonrisas
sobre sus troncos en humedad.
Apenas nos movemos,
sólo sentimos nuestros corazones latir,
que se mecen en compás con las siluetas,
que al fondo de la habitación
se escurren sinuosas consintiendo nuestras manos,
que van compartiendo entrelazando sus dedos.
Los pies desnudos se rozan en cada paso
y presiento el estremecimiento
que va subiendo exquisito
y golpecitos incesantes se dejan escapar desde mi boca,
los que conspiran con tu respirar
saliendo alas de mariposas,
esparciendo vibraciones en su aleteo original.
Últimos acordes se dejan escuchar
y tus pétalos se han dejado esparcir
para que les recoja uno a uno
y los convierta en piel,
para dejarlos cubrir
por ésta mi vida,
que se ha vuelto musa....
tu perfume se deja sentir a distancia,
la brisa lo trae con el vaivén de la música,
que desde el fondo del lugar se deja escuchar.
Sometimiento embriagante,
inunda mis sentidos
y me dejo llevar hasta tenerte cerca,
tan cerca,
que tu respirar acaricia mi boca.
Rodeo tu cintura,
te miro mas allá de tus ojos
y le hago un guiño a tus labios,
las velas nos sonríen cómplices titilando tras las cortinas,
el aire se transforma en brisa
trayéndonos silbidos de árboles,
que tras el ventanal
fisgonean nuestro trenzar,
abriéndose placenteras sonrisas
sobre sus troncos en humedad.
Apenas nos movemos,
sólo sentimos nuestros corazones latir,
que se mecen en compás con las siluetas,
que al fondo de la habitación
se escurren sinuosas consintiendo nuestras manos,
que van compartiendo entrelazando sus dedos.
Los pies desnudos se rozan en cada paso
y presiento el estremecimiento
que va subiendo exquisito
y golpecitos incesantes se dejan escapar desde mi boca,
los que conspiran con tu respirar
saliendo alas de mariposas,
esparciendo vibraciones en su aleteo original.
Últimos acordes se dejan escuchar
y tus pétalos se han dejado esparcir
para que les recoja uno a uno
y los convierta en piel,
para dejarlos cubrir
por ésta mi vida,
que se ha vuelto musa....
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