Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Si aquella noche fuese un poco más cerrada,
no habrían brillado tanto nuestros ojos,
ni los murciélagos volarían de incógnito,
ni tu maquillaje hubiese tenido una herida cenicienta.
Si aquella noche fuese un poco más cerrada,
el sonido de tus palabras no se abriría,
no les habría puesto nombre o cuerpo,
y es que allí, amor, pasaría por alto
el ruido del destino.
Porque solo esa noche florecería,
y nosotros, de materia negruzca y sin raíces,
como aquella noche misma,
entornada y sin párpados,
seríamos el viento, o un destello de luz,
luz sin matices que invoca intimidades,
carne que se introduce en lo desconocido.
Cada noche parece más severa,
no chilla a los sentidos,
pero chirría en las farolas una estrella,
en nuestros labios se amontona,
como un arrebol imaginario.
Esta noche mi visión ya se acostumbra
a las duras imágenes,
a la forja,
a un verso en la memoria,
a la figura inánime de la confusión.
Todas las noches se cerraron.
Y desaparecieron por la puerta de atrás,
esa puerta a la que no se llega nunca.
Yo tengo su llave, profundicé en el tiempo,
en la distancia, en mis ideas.
Ahora veo perfectamente,
no porque hable de ti
se oscurece mi habla.
Esta noche intrusiva enjaula
la penumbra y la hace alma,
ah, mi pasión se ha ido sin haber sido palpada.
Justo cuando necesitaba un resplandor.
no habrían brillado tanto nuestros ojos,
ni los murciélagos volarían de incógnito,
ni tu maquillaje hubiese tenido una herida cenicienta.
Si aquella noche fuese un poco más cerrada,
el sonido de tus palabras no se abriría,
no les habría puesto nombre o cuerpo,
y es que allí, amor, pasaría por alto
el ruido del destino.
Porque solo esa noche florecería,
y nosotros, de materia negruzca y sin raíces,
como aquella noche misma,
entornada y sin párpados,
seríamos el viento, o un destello de luz,
luz sin matices que invoca intimidades,
carne que se introduce en lo desconocido.
Cada noche parece más severa,
no chilla a los sentidos,
pero chirría en las farolas una estrella,
en nuestros labios se amontona,
como un arrebol imaginario.
Esta noche mi visión ya se acostumbra
a las duras imágenes,
a la forja,
a un verso en la memoria,
a la figura inánime de la confusión.
Todas las noches se cerraron.
Y desaparecieron por la puerta de atrás,
esa puerta a la que no se llega nunca.
Yo tengo su llave, profundicé en el tiempo,
en la distancia, en mis ideas.
Ahora veo perfectamente,
no porque hable de ti
se oscurece mi habla.
Esta noche intrusiva enjaula
la penumbra y la hace alma,
ah, mi pasión se ha ido sin haber sido palpada.
Justo cuando necesitaba un resplandor.