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Noche de luna bisiesta

Assan

Poeta recién llegado
[center:06646b1456]Noche de luna bisiesta


Aquella noche de luna bisiesta,
el sol brillaba como un dios pagano,
y la nieve ardía bajo los pies,
en una hoguera de miradas dispuestas
a pasar de los besos a las manos,
de los hechos a las palabras
que se derraman después del placer.

Adoré el hueco que nunca dejó en mi colchón,
las manchas de carmín que no limpié,
su ropa, a mil kilómetros de mí,
los besos que le arrebaté
y arrabalaron mi corazón,
el je t’aime que no me dio,
el corazón que se me llevó.

Odio para siempre Córdoba,
que guarda entre el bulevar y los faroles
la magia de lo que no tuve,
la pasión que se me escapó,
aquellos labios (¿cómo contaros…?),
que sólo prometían volar,
que ni ataban ni te dejaban escapar.

Ha pasado el tiempo,
y la gente camina por la plaza donde te amé,
no les importa profanar mis recuerdos,
y dan de comer a las palomas,
y yo quiero volver contigo a beber
aquel tequila de más
que me obligó a echarte de menos. [/center:06646b1456]
 
Me gustó mucho ese final:
Ha pasado el tiempo,
y la gente camina por la plaza donde te amé,
no les importa profanar mis recuerdos,
y dan de comer a las palomas,
y yo quiero volver contigo a beber
aquel tequila de más
que me obligó a echarte de menos.
Sobretodo sus tres últimos versos.
Un saludo.
 
Muy buen poema Assan, a mí me gustó también el final, donde el alcohol rompe las paredes que pones para bloquear el dolor...

no les importa profanar mis recuerdos,
y dan de comer a las palomas,

...preguntándose cómo puede la gente seguir así con tanta calma, haciendo lo de siempre como si no les importara ese amor perdido.
Excelente, me encantó
jaguey
 
David y Jaguey, muchas gracias por vuestros comentarios y por haberme leído.
Ya veo que habéis entendido a la perfección la última estrofa. Era así como me sentía. Este poema lo escribí hace algunos días, porque me lo debía a mí mismo, y sobre todo, a una preciosa mujer que me enseñó cuánto vale un beso, cuánto acaricia una sonrisa, y muy especialmente, me enseñó que no me puedo culpar por haber muerto amando, y tampoco por querer seguir haciéndolo, a pesar de las heridas que me quedaron después de la resurrección. Esta mujer no me amó, ni yo a ella, pero le debo tanto, que ningún verso es bastante. Fue sólo una noche de besos casi clandestinos, pero nunca la olvidaré. Por eso el hueco que NO dejó en mi colchón, que nunca ocupó, pero su ausencia es un hueco en mi alma.
Muchas gracias de nuevo.

Un saludo.

Assan.
 
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