Alas de marioneta
Poeta asiduo al portal
Me dejaría caer entre los rincones que nunca encontré de mi cuerpo,
entre mi alma dormida, entre luna, sol, tierra y cielo
y al llegar al bosque infinito donde el amor es eterno,
arrancaría la más prohibida de las frutas que viera pudriéndose en el suelo.
Respiraría como si fuéramos dos y de pronto, como si me brotara un sueño,
me nacerían hojas entre los dedos y tallos enredándome el pelo.
La miraría a los ojos, sí a los ojos. Ahora ya podría verlos,
mirándome como después de un suspiro, tan llenos de luz, tan abiertos.
Escucharía una voz entre nubes, un rayo, quizás solo fuera un trueno,
pero mi piel se crecería como con plumas, mi espalda con dolor y mis pies, casi sin poder verlos,
empezarían a dibujar garabatos sobre una tierra mojada de ausencia de miedo.
¿Estaría volando?. Quizás no, o quizás solo estuviera volando por dentro,
pero dicen que alguien estuvo allí, que era Noche de Reyes y que de poesía se había dibujado el universo.
entre mi alma dormida, entre luna, sol, tierra y cielo
y al llegar al bosque infinito donde el amor es eterno,
arrancaría la más prohibida de las frutas que viera pudriéndose en el suelo.
Respiraría como si fuéramos dos y de pronto, como si me brotara un sueño,
me nacerían hojas entre los dedos y tallos enredándome el pelo.
La miraría a los ojos, sí a los ojos. Ahora ya podría verlos,
mirándome como después de un suspiro, tan llenos de luz, tan abiertos.
Escucharía una voz entre nubes, un rayo, quizás solo fuera un trueno,
pero mi piel se crecería como con plumas, mi espalda con dolor y mis pies, casi sin poder verlos,
empezarían a dibujar garabatos sobre una tierra mojada de ausencia de miedo.
¿Estaría volando?. Quizás no, o quizás solo estuviera volando por dentro,
pero dicen que alguien estuvo allí, que era Noche de Reyes y que de poesía se había dibujado el universo.