Entre los brazos de los árboles
se quiebra la dolorida voz del viento,
la noche abre su manto de niebla
y cubre las siluetas de los edificios
con sus paredes resquebrajadas
de dolor, de tristeza y amor.
Dentro de una habitación se oxidan
por la humedad del llanto de estos versos
de quien escribió sus sentimientos
con el cerebro, las manos y el corazón.
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