Agustín Nicolás
"El recuerdo es el idioma de los sentimientos"
Noche fugaz
Es madrugada.
Sigo el camino, y los faroles alumbran,
guían mis pasos junto con las estrellas.
Titila el firmamento en su mirada
y su piel nívea obra de luna,
a falta de esta.
Las hojas se mecen
pareciendo saludar;
les responde amable su largo pelo,
que a zambullirse en él apetece,
sin siquiera titubear,
para hundirse en su exquisito perfume negro.
Los segundos transcurren,
y mi alma me lo avisa;
todo se escapa y se pierde.
Observo detenidamente tus ojos dulces,
sonríe mi pecho por tu sonrisa,
mi corazón amargo en azúcar se convierte.
Quiero encerrar este momento
dentro de un gran frasco,
donde quepan hasta las más lejanas estrellas;
que la noche sea infinita como tus besos
y tu cuerpo al mío se funda, como la gota al charco,
acariciando tu piel suave como seda.
Inhalar el aire fresco
de Buenos Aires, sujetando tu mano;
besar en las esquinas tus labios tímidos.
Que las veredas sean interminables, deseo,
para eternamente caminar a tu lado
bajo los jacarandás florecidos.
Abrázame, niña, esta noche;
apoya en mi hombro tus rosadas mejillas.
Estrellas, no se marchen tan veloz.
Iluminan los viejos faroles de bronce.
Brisa, que corres tan deprisa,
pídele piedad al tiempo feroz.
Tiempo, no me quites su roce, su risa, su voz.
Tiempo, no dejes que esta noche se convierta en un recuerdo atroz.
Es madrugada.
Sigo el camino, y los faroles alumbran,
guían mis pasos junto con las estrellas.
Titila el firmamento en su mirada
y su piel nívea obra de luna,
a falta de esta.
Las hojas se mecen
pareciendo saludar;
les responde amable su largo pelo,
que a zambullirse en él apetece,
sin siquiera titubear,
para hundirse en su exquisito perfume negro.
Los segundos transcurren,
y mi alma me lo avisa;
todo se escapa y se pierde.
Observo detenidamente tus ojos dulces,
sonríe mi pecho por tu sonrisa,
mi corazón amargo en azúcar se convierte.
Quiero encerrar este momento
dentro de un gran frasco,
donde quepan hasta las más lejanas estrellas;
que la noche sea infinita como tus besos
y tu cuerpo al mío se funda, como la gota al charco,
acariciando tu piel suave como seda.
Inhalar el aire fresco
de Buenos Aires, sujetando tu mano;
besar en las esquinas tus labios tímidos.
Que las veredas sean interminables, deseo,
para eternamente caminar a tu lado
bajo los jacarandás florecidos.
Abrázame, niña, esta noche;
apoya en mi hombro tus rosadas mejillas.
Estrellas, no se marchen tan veloz.
Iluminan los viejos faroles de bronce.
Brisa, que corres tan deprisa,
pídele piedad al tiempo feroz.
Tiempo, no me quites su roce, su risa, su voz.
Tiempo, no dejes que esta noche se convierta en un recuerdo atroz.