CIV
Hoy mi Dios
me ha regalado una noche plena
para amarte.
Dos astros celestiales
guardan la ventana,
y una tenue luz
desde el fondo de mi pecho
deambula el recinto.
Extiendo mis versos
sobre tu retrato
imaginando que lo leerás,
y un suspiro escapa al florero.
La cama inmensa
se dispone a la tormenta
de sábanas húmedas.
Un galope de labios
susurra desde las esquinas;
un sudor comienza
apenas con la mirada,
la noche es joven
y el deseo arde.
Pero hoy mi Dios
ha olvidado
que ya no estas.
Hoy mi Dios
me ha regalado una noche plena
para amarte.
Dos astros celestiales
guardan la ventana,
y una tenue luz
desde el fondo de mi pecho
deambula el recinto.
Extiendo mis versos
sobre tu retrato
imaginando que lo leerás,
y un suspiro escapa al florero.
La cama inmensa
se dispone a la tormenta
de sábanas húmedas.
Un galope de labios
susurra desde las esquinas;
un sudor comienza
apenas con la mirada,
la noche es joven
y el deseo arde.
Pero hoy mi Dios
ha olvidado
que ya no estas.