noche

hisabell ortiz castillo

Poeta recién llegado
NOCHE
El silencio es lo que queda
entre palabras zombis que se olvidan
de la oscuridad de la noche que se confabula
en medio del cielo estrellado que te acompaña
del tiritar de los grillos y sonido del viento que roza tus mejillas,
de aquellas luceros que yacen empapados
derramando el rocío que es el fruto de la abulia inocente,
formando meandros de sollozo, va y viene en medio de cánticos que sucumben en el inconsciente,
de la noche que aun perdura
en la oscura estancia de cuatro paredes, ni una sola salida,
postrada en el recinto que te ata entre cobijas
que han de formar enredaderas de perturbación y de éxtasis
del mas profundo limbo que se ha encontrado con tu ser,
grita en el fondo del abismo
rompiendo cerrojos de coraje, de ira, de decepción,
de anatema, de frustración, de miedo, de cobardía…
cae en shock entre exaltaciones del llanto y la perturbación
de la masa pensante,
se trunca en medio de ideas que conllevan al desequilibrio, la tortura, la impotencia, el vivir, el suicidio, el morir, el disiparse de la esfera terrestre… cae, cae, se abate y no sale del hoyo,
sintiendo que el sistema circulatorio hierve
convirtiéndote en un títere de tu propia descordura
dejando estallar la mente que se cercena cuando el aliento que brota de tus labios se convierte en el puro llanto de un niño de cuales quejidos solo quedan en su estancado recuerdo de cavilar un
¿por que?
Postrada cual marea es aun mas ardua que la pantalasa,
concibiendo el retroceder del tiempo
cuales fotografías impalpables sucumben en tu interior
dándote de beber recuerdos de un mundo que se creo
en medio del silencio, la introversión, el encierro,
la desobediencia, la rebeldía, la incomunicación,
la soledad… que aun queda en ti.
Sigue el transcurso del universo,
entre la noche que aun me ata con esposas de fuego,
con cadenas de perturbación, con celdas de temor,
es el curso que va, viene, se detiene y se vuelve a marchar.
Deja que el silencio alentador se pose en mí,
con su suave respiro que llena el alma,
con las dulces lagrimas que te vuelven a la vida,
con el amanecer y el anochecer el dúo interminable
de tus inseparables comadres,
con la vida, el existir palabras que después del reposo
recobran el vigor volviendo a tu vocabulario ya perdido
y en su retorno a Itaca, escudriña la paz
del ser, del anhelar, del subsistir, del aun seguir… vivir.
 

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