He cosechado los ásperos
líquenes que se desprenden
de las paredes del sueño
Por arromar
la débil comba
de tus uñas
a la intemperie
Beberé de un sorbo único
el ingrávido rocío
en el platillo de tus balanzas
El fino polvo cernido
sobre las arroceras
de pálida llanura
Para ser el usuario infiel
de tus metáforas
el habitante de tus arpegios
y el peregrino de tus anzuelos
Indigno de tus bálsamos
No hice más que extraer
de tus cuencos los nísperos
lustrados de la noche
Tu calendario sagrado
el tiempo de partir
las hembras y las semillas
Cuando asomes tras la cumbre
de los cerros cortaré esa madera
que no se pudre
Y usaré la misma palabra
para roturar la tierra
o disecar mariposas
Después de todo no somos
más sonoros que el martillo
Aunque tu seas el reflejo
cinturón de un espejismo
El ajustado cristal
de cuarzo blanco
Y yo ni una piedra de granito
gastado de arrabal
Bajo las lámparas de aceite
esencial de los olivos
Bajo el hechizo de otro
insomnio argentado
Te esperaré despierto
bruñido
toda la sombra que dure el solsticio
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