Dadá
Poeta recién llegado
Nocturno a Baco bebiéndose una Venus
Todo esto se leerá raro, hermano,
se mencionará la bufonesca interpretación de mi edad, mi madurez,
pero así sucedió...
Andaba allá, allá y allá dando tumbos en mi sueño, chapoteando,
masturbándome lagrimas con la voz de Janis en mis desencuentros,
buscando un cálido trago debajo de la cama,
quizás una nueva noche, unos cigarrillos, luego un fuego,
un par de poemas o un mal libro de retórica,
una insospechable náusea. Estaba lamentable.
Si acaso una mirada se perdía en el espejo
yo caía en su punto infinito de espacios
y
lloraba.
Si un delirio me sobrevolaba
me asfixiaba con el olor a materia,
el tiempo, oh villano, me insaciaba el hambre.
Después de todo lo visto no me era recomendable la cruz
a pesar de las horas sobre el tedio
que engendraba oscuridades tan vastas
como un Tártaro sumergido en mares de piedra,
aquel sentimiento que pulcramente me enternece.
Entonces y de pronto,
ante la incertidumbre, las venas y la herida, apareció,
fue tan sencillo y sobrevaluado como una fotografía de Lulú
o una sonata en hielo de unos labios tarareando Mozart,
así nada mas y sin permiso vino, llegó,
cayó como la duda a la hora del primer beso,
como un dadá
o la puteada cuenta de un restaurante fino.
Se acercó la brisa de su boca,
se murmuró por mil aires sobre el viento,
se derramó en el océano negro de mis lamentos,
esa saliva de playa griega prontamente imaginada
a la distancia de lo palpable,
una llamada,
por Dios,
una
llamada...
Desaparecí...
Fue una invitación...
Y la cruda me llegó después de tanto trago...
Todo esto se leerá raro, hermano,
se mencionará la bufonesca interpretación de mi edad, mi madurez,
pero así sucedió...
Andaba allá, allá y allá dando tumbos en mi sueño, chapoteando,
masturbándome lagrimas con la voz de Janis en mis desencuentros,
buscando un cálido trago debajo de la cama,
quizás una nueva noche, unos cigarrillos, luego un fuego,
un par de poemas o un mal libro de retórica,
una insospechable náusea. Estaba lamentable.
Si acaso una mirada se perdía en el espejo
yo caía en su punto infinito de espacios
y
lloraba.
Si un delirio me sobrevolaba
me asfixiaba con el olor a materia,
el tiempo, oh villano, me insaciaba el hambre.
Después de todo lo visto no me era recomendable la cruz
a pesar de las horas sobre el tedio
que engendraba oscuridades tan vastas
como un Tártaro sumergido en mares de piedra,
aquel sentimiento que pulcramente me enternece.
Entonces y de pronto,
ante la incertidumbre, las venas y la herida, apareció,
fue tan sencillo y sobrevaluado como una fotografía de Lulú
o una sonata en hielo de unos labios tarareando Mozart,
así nada mas y sin permiso vino, llegó,
cayó como la duda a la hora del primer beso,
como un dadá
o la puteada cuenta de un restaurante fino.
Se acercó la brisa de su boca,
se murmuró por mil aires sobre el viento,
se derramó en el océano negro de mis lamentos,
esa saliva de playa griega prontamente imaginada
a la distancia de lo palpable,
una llamada,
por Dios,
una
llamada...
Desaparecí...
Fue una invitación...
Y la cruda me llegó después de tanto trago...
Jorge Von Düben
::
::... Que sha volvì ::
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::... Gracias... Así de cálido... ^^
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