La tarde cae en silencio
vestida de azul y malva,
es una cálida tarde
profundamente romántica.
Los pajarillos del pueblo
enmudecen sus gargantas
mientras el sol, lentamente,
por las callejas se escapa.
La noche está despertando,
las viejas farolas hablan
y la luna, ya en el cenit,
vela por la inmensa calma.
Riza su aliento la brisa
haciendo hablar a las ramas
y un aroma de eucalipto
cautiva en la noche mansa.
Tengo abierto mi balcón
y a oscuras la morada,
y escucho a la vieja fuente
como vierte su cantata
que dice:"Atrás queda el día
de horas alegres y amargas,
unos viven sin la prisa
y otros, de inquietas zancadas."
- Santa razón tienes fuente
la digo, pareces sabia,
muchos no saben vivir
sin el ansia a sus espaldas.
Y tú ¿cómo haces? pregunta.
- Siempre perseguí la calma
la digo, pues todo aquel
que vive deprisa, no anda
y así, más pronto que tarde,
te visitará la parca
y maldecirás los días
por no haber andado nada.
Mis frescos cantares son
como los besos del alba
me dice, dulces, serenos,
irradiando la esperanza.
- Bien que lo sé y tú, bien sabes
la digo, pues no hay mañana
que falte a tu verdinosa
piedra, mi amiga olvidada,
ni tarde para sentarme
a tu lado con tu clara
voz contándome vivencias
de amoríos y batallas
mientras va llegando el tiempo
y no se detiene, y pasa
y que va borrando huellas
menos las que guarda el alma.
*
La luna luce en el cielo
con su blancor de biznagas
tan pura y tan penetrante
en las horas encantadas.
Hasta mañana mi amiga
siempre fría y solitaria,
cuando el sol mengue tu sombra,
haré valer tu plegaria.
Y la fuente ya dormita
en la abandonada plaza,
solo en la noche se escucha
el cantar de la cigarra.