Norka Eliek
(RCh, sábado 07.05.2016)
Éramos siete:
seis nietos menores
y el bisnieto mayor
Quintana Requena.
Y decidimos
ser hermanos.
Fuimos treinta y ocho
en siete casas
En una casa.
Primero se fue Ana Elena
Ojos verdes
Pelo Rojo
Lengua de trapo.
Lo más parecido
a un cordero humano.
Después fue Pepe
El menor
El trujillano pelo amarillo
El único músico
Quien sólo sabía sonreír.
Inesperado:
un rayo en día soleado
Le siguió Nancy del Carmen
Carmencita
La del estoicismo afectuoso
La hija de Catire
Tía Cipriana,
Lourdes,
Olga,
Luisito
San Agustín del Sur
La primera vez que supe de Rio Chico.
Y hoy
a las dos de la madrugada
te vas Tu
Norka Eliek.
La mayor
La zurda
La enamorada de Leonardo Favio
Carmen Delia Depini
Sonia López.
La de los sábados brumosos
y espumosos
del Paraíso de Zamora.
La consentida de mi Lala
y de Sultán.
La que más conocía
el mundo de las piecitas
y la salida secreta hacia el Callejón.
La de la risa más escandalosa
y poderosa
en versión femenina.
La seria
La afectuosa
La que hizo de su vida
un Bolero permanente.
La que nunca olvidó a sus muertos
La amiga de los caracoles.
Éramos siete
Y ya cuatro se han vuelto espíritu.
Y los que seguimos
nos preguntamos:
¿cuánto queda realmente
de nosotros mismos?
La infancia en Zamora
sigue siendo la Patria.
¿Cuánto de nosotros
se ha ido
o se mantiene
entre los siete?
Y mientras más se van
Más nos vamos.
Y vivimos en un tiempo partido
entre los vivos y los muertos.
Y la realidad se aclara
y aprendemos a vivir
en la Quinta de los Espíritus.
Y no sabemos
si se fueron temprano
O es que nosotros vamos tarde.
Y cada vez hay más historia
vivida allá
que aquí
y los lazos se ablandan.
Y recuerdo a Norka Eliek
Sonia López
Y María Mercedes
lanzándose
en caída libre
sobre sus dolores
sobre sus amores inconclusos
o imaginarios.
Demostrando
que el despecho
es la forma extrema de existir
cuando el corazón se sale por los ojos
y los cuerpos han decidido hablar
sólo por las almas.
Esos poros del Espíritu
que cada sábado se abrían
para que Norka Eliek
nos volviera a enseñar a todos
que el Amor
sin sangre
no entra.
(RCh, sábado 07.05.2016)
Éramos siete:
seis nietos menores
y el bisnieto mayor
Quintana Requena.
Y decidimos
ser hermanos.
Fuimos treinta y ocho
en siete casas
En una casa.
Primero se fue Ana Elena
Ojos verdes
Pelo Rojo
Lengua de trapo.
Lo más parecido
a un cordero humano.
Después fue Pepe
El menor
El trujillano pelo amarillo
El único músico
Quien sólo sabía sonreír.
Inesperado:
un rayo en día soleado
Le siguió Nancy del Carmen
Carmencita
La del estoicismo afectuoso
La hija de Catire
Tía Cipriana,
Lourdes,
Olga,
Luisito
San Agustín del Sur
La primera vez que supe de Rio Chico.
Y hoy
a las dos de la madrugada
te vas Tu
Norka Eliek.
La mayor
La zurda
La enamorada de Leonardo Favio
Carmen Delia Depini
Sonia López.
La de los sábados brumosos
y espumosos
del Paraíso de Zamora.
La consentida de mi Lala
y de Sultán.
La que más conocía
el mundo de las piecitas
y la salida secreta hacia el Callejón.
La de la risa más escandalosa
y poderosa
en versión femenina.
La seria
La afectuosa
La que hizo de su vida
un Bolero permanente.
La que nunca olvidó a sus muertos
La amiga de los caracoles.
Éramos siete
Y ya cuatro se han vuelto espíritu.
Y los que seguimos
nos preguntamos:
¿cuánto queda realmente
de nosotros mismos?
La infancia en Zamora
sigue siendo la Patria.
¿Cuánto de nosotros
se ha ido
o se mantiene
entre los siete?
Y mientras más se van
Más nos vamos.
Y vivimos en un tiempo partido
entre los vivos y los muertos.
Y la realidad se aclara
y aprendemos a vivir
en la Quinta de los Espíritus.
Y no sabemos
si se fueron temprano
O es que nosotros vamos tarde.
Y cada vez hay más historia
vivida allá
que aquí
y los lazos se ablandan.
Y recuerdo a Norka Eliek
Sonia López
Y María Mercedes
lanzándose
en caída libre
sobre sus dolores
sobre sus amores inconclusos
o imaginarios.
Demostrando
que el despecho
es la forma extrema de existir
cuando el corazón se sale por los ojos
y los cuerpos han decidido hablar
sólo por las almas.
Esos poros del Espíritu
que cada sábado se abrían
para que Norka Eliek
nos volviera a enseñar a todos
que el Amor
sin sangre
no entra.