Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Recuerdo aquella tarde en que partiste
para no volver más, para angustiarme,
para reconstruirte en mis sentidos,
incapaces de asir la transparencia
de lo que se supone fue un adiós,
de lo que no pude suponer.
Quizá sea ese mismo el peso del amor.
Faltaba tan poquito para que el diminuto
punto que yo ocupaba en el espacio
fuese tuyo...
No te busco.
Mis demonios salieron a la luz.
Crees en el amor por encima de todo,
tanto que no veo ruinas en el tiempo.
Te vivo como si siempre me pudieses sentir,
pero el golpe más duro fue encerrarme
en esta bestia herida.
Bestia, bestia.
Creo que voy a confesar algo inexistente.
Algo que tu mirada sabe.
Te quiero, con o sin indicios.
para no volver más, para angustiarme,
para reconstruirte en mis sentidos,
incapaces de asir la transparencia
de lo que se supone fue un adiós,
de lo que no pude suponer.
Quizá sea ese mismo el peso del amor.
Faltaba tan poquito para que el diminuto
punto que yo ocupaba en el espacio
fuese tuyo...
No te busco.
Mis demonios salieron a la luz.
Crees en el amor por encima de todo,
tanto que no veo ruinas en el tiempo.
Te vivo como si siempre me pudieses sentir,
pero el golpe más duro fue encerrarme
en esta bestia herida.
Bestia, bestia.
Creo que voy a confesar algo inexistente.
Algo que tu mirada sabe.
Te quiero, con o sin indicios.