Orlando Ramos
Un verso, una vida.
Era una tarde soñada con el té entre mis manos esperando a que se enfriara.
Las golondrinas llegaron a verme y se introdujeron en mis sueños.
La oscurana que se esfuma gracias al fulgor del astro nocturno, me observa.
Que liviana costumbre que tengo de ser melancólico y por el amor no digo nada.
Me he acostumbrado a trazar mi memoria en ese cuerpo ausente que esta conmigo.
Llegaron las nubes quitándome la claridad y con su lluvia hicieron ocultarme para siempre.
Las golondrinas llegaron a verme y se introdujeron en mis sueños.
La oscurana que se esfuma gracias al fulgor del astro nocturno, me observa.
Que liviana costumbre que tengo de ser melancólico y por el amor no digo nada.
Me he acostumbrado a trazar mi memoria en ese cuerpo ausente que esta conmigo.
Llegaron las nubes quitándome la claridad y con su lluvia hicieron ocultarme para siempre.