BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Así, como viajan estos ojos
sustituyendo, ofreciendo, conmutando
oligarquías, desoyendo esperanzas
ocultas en fragmentos de lirios,
así, como alzan estas brumas
auroras o albas manchadas por el
excremento de aves sinuosas,
o como alcanzan los pájaros
a escuchar su propio eco calcinado
cuando se mueren entre azucenas.
Así, como viajan estos iris
tras espantos marítimos, por océanos
o místicos planos abandonados,
por parajes desolados de íntima belleza.
Así, viajo, encontrando el sonido
multicolor de los hospitales y de las clínicas,
en tus párpados defenestrados, ínclitos
hasta hallar las últimas huellas de pies sucios
distantemente bañados en aureolas de agua.
O como protesto con la voz humillada,
como vulnero la ley ofrecida, como conculco
los bienes adquiridos
hasta saciarme de líquidos en las puertas del
crimen.
Viajo, viajo, por lugares donde tu mente
encuentra mi plexo, mi tórax inabarcable,
donde, las llamas, pudren trozos de madera
flotantes.
Y allí descubro líquenes helechos torcidos
vestigios de sangre, territorios de muerte helada,
trozos de pupila, tu corazón embalsamado.
Y allá desvelo el corazón volátil de la marea,
hasta hallar signos de tu vida en los ajuares
de las novias.
©
sustituyendo, ofreciendo, conmutando
oligarquías, desoyendo esperanzas
ocultas en fragmentos de lirios,
así, como alzan estas brumas
auroras o albas manchadas por el
excremento de aves sinuosas,
o como alcanzan los pájaros
a escuchar su propio eco calcinado
cuando se mueren entre azucenas.
Así, como viajan estos iris
tras espantos marítimos, por océanos
o místicos planos abandonados,
por parajes desolados de íntima belleza.
Así, viajo, encontrando el sonido
multicolor de los hospitales y de las clínicas,
en tus párpados defenestrados, ínclitos
hasta hallar las últimas huellas de pies sucios
distantemente bañados en aureolas de agua.
O como protesto con la voz humillada,
como vulnero la ley ofrecida, como conculco
los bienes adquiridos
hasta saciarme de líquidos en las puertas del
crimen.
Viajo, viajo, por lugares donde tu mente
encuentra mi plexo, mi tórax inabarcable,
donde, las llamas, pudren trozos de madera
flotantes.
Y allí descubro líquenes helechos torcidos
vestigios de sangre, territorios de muerte helada,
trozos de pupila, tu corazón embalsamado.
Y allá desvelo el corazón volátil de la marea,
hasta hallar signos de tu vida en los ajuares
de las novias.
©