Del café humeante, y las voces amorosas de la mañana…
de las manos de Cristo,
de esos oleajes de euforias marrones;
de nuestros huesos, que se reúnen,
en torno a esa hoguera de las gaviotas…
de ese faro, de los anhelos más profundos;
de los autobuses, por las cumbres del tacto,
de esas rompientes sentimentales, de la ciudad…
algunas monedas, que añaden un nuevo color a las calles;
algunas nubes de papel, que disfrutaban,
y algunas nubes, del gran cigarro de los ajedrecistas…
el Sol negro, sobre una percusión guerrera;
esa atalaya que crece, por nuestros sueños…
la nueva densidad de la luz,
y los colores, de esos montes de las esperanzas…
las motivaciones,
de ese puente que has tendido hacia las estrellas,
y esos océanos cálidos, que se expanden;
la llamada de esa bella mujer,
y esos poemas que recorrían, las arenas y las espumas…
de las manos de Cristo,
de esos oleajes de euforias marrones;
de nuestros huesos, que se reúnen,
en torno a esa hoguera de las gaviotas…
de ese faro, de los anhelos más profundos;
de los autobuses, por las cumbres del tacto,
de esas rompientes sentimentales, de la ciudad…
algunas monedas, que añaden un nuevo color a las calles;
algunas nubes de papel, que disfrutaban,
y algunas nubes, del gran cigarro de los ajedrecistas…
el Sol negro, sobre una percusión guerrera;
esa atalaya que crece, por nuestros sueños…
la nueva densidad de la luz,
y los colores, de esos montes de las esperanzas…
las motivaciones,
de ese puente que has tendido hacia las estrellas,
y esos océanos cálidos, que se expanden;
la llamada de esa bella mujer,
y esos poemas que recorrían, las arenas y las espumas…