Predator
Poeta recién llegado
Vuelves como las nubes de tormenta,
testaruda que me subestimas,
de cicatrices te apellidas y con dolores te nombran,
aferrado como mi sombra pretendes quitarme la vida.
Mírame a los ojos,
observa el fuego que prende este corazón,
que tus frías manos no consiguen apagar,
late una fiera salvaje que no puedes domar.
Camino bajo la lluvia,
escribiendo en cada gota un recuerdo,
que acabara en los desagües como el pasado,
y vuelvo a ver la Luna y el cielo eterno.
Rugo de nuevo,
cual lobo salvaje escapando de su jaula,
sin dar tregua al que domador se proclama,
mi alma de nuevo exigiendo guerra.
Porque no hay mayor miedo que el que permito,
ni más frio que el que tirito,
y grito de nuevo como el Sol a la primavera,
inundando en colores cualquier día marchito.
Ansió aventuras como un peregrino,
escapando lejos de este impuesto sistema,
que encierra a la inteligencia por ser delito,
educando a la sociedad con valores de mierda.
Todavía me quedan cien mil batallas,
porque me altera la injusticia, vil canalla,
y no quiero dejar que a la esperanza,
sea violada como en el mas rastrero burdel.
Se marcha la tormenta, de nuevo,
las estrellas están mirando a la Tierra,
fugándose de este manicomio heredado,
derramando la sangre inocente de quien nos alimenta,
pero la dignidad no está en venta,
aunque millones lo hayan olvidado,
y están tachando a justicieros de terroristas,
se están matando, por un simple papel tintado.
testaruda que me subestimas,
de cicatrices te apellidas y con dolores te nombran,
aferrado como mi sombra pretendes quitarme la vida.
Mírame a los ojos,
observa el fuego que prende este corazón,
que tus frías manos no consiguen apagar,
late una fiera salvaje que no puedes domar.
Camino bajo la lluvia,
escribiendo en cada gota un recuerdo,
que acabara en los desagües como el pasado,
y vuelvo a ver la Luna y el cielo eterno.
Rugo de nuevo,
cual lobo salvaje escapando de su jaula,
sin dar tregua al que domador se proclama,
mi alma de nuevo exigiendo guerra.
Porque no hay mayor miedo que el que permito,
ni más frio que el que tirito,
y grito de nuevo como el Sol a la primavera,
inundando en colores cualquier día marchito.
Ansió aventuras como un peregrino,
escapando lejos de este impuesto sistema,
que encierra a la inteligencia por ser delito,
educando a la sociedad con valores de mierda.
Todavía me quedan cien mil batallas,
porque me altera la injusticia, vil canalla,
y no quiero dejar que a la esperanza,
sea violada como en el mas rastrero burdel.
Se marcha la tormenta, de nuevo,
las estrellas están mirando a la Tierra,
fugándose de este manicomio heredado,
derramando la sangre inocente de quien nos alimenta,
pero la dignidad no está en venta,
aunque millones lo hayan olvidado,
y están tachando a justicieros de terroristas,
se están matando, por un simple papel tintado.