Silverio Francisco
Poeta recién llegado
¿De dónde vienen las epidemias?
¿Quién apuñaló al agua clara?
¿Quién enturbió nuestra esencia?
¿Qué busca esa hueste?
¿No fueron agua en su día?
¿No soñaron con cauces perfectos
al comienzo de la noche?
¿No amaron?
Ya no suena su verdad,
la acuática sinfonía que todos nacemos para compartir.
Parecen no ser más que ese crudo silencio
que solo quiebra, que solo mata,
que solo trae enfermedad,
que se tumba sobre los putrefactos sueños y promesas
que todavía corroen a la luz en algún recóndito escondite de su pecho.
¡En mi llanto clamo por el fin de esta era!
¡Juro que se derretirá el frío hielo que nos aleja!
¡Que los corazones inocentes
nos devolverán a nuestro cielo,
a nuestra pureza!
¡Porque no hay fuerza más descomunal que la que nos une y la que nos mueve!
El Sol se alzará por encima de cualquier montaña.
Y el dolor huirá de quienes sufren.
Sonarán las sinfonías y los himnos a la humanidad.
Esa es nuestra esperanza.
Ese es nuestro hogar.
¿Quién apuñaló al agua clara?
¿Quién enturbió nuestra esencia?
¿Qué busca esa hueste?
¿No fueron agua en su día?
¿No soñaron con cauces perfectos
al comienzo de la noche?
¿No amaron?
Ya no suena su verdad,
la acuática sinfonía que todos nacemos para compartir.
Parecen no ser más que ese crudo silencio
que solo quiebra, que solo mata,
que solo trae enfermedad,
que se tumba sobre los putrefactos sueños y promesas
que todavía corroen a la luz en algún recóndito escondite de su pecho.
¡En mi llanto clamo por el fin de esta era!
¡Juro que se derretirá el frío hielo que nos aleja!
¡Que los corazones inocentes
nos devolverán a nuestro cielo,
a nuestra pureza!
¡Porque no hay fuerza más descomunal que la que nos une y la que nos mueve!
El Sol se alzará por encima de cualquier montaña.
Y el dolor huirá de quienes sufren.
Sonarán las sinfonías y los himnos a la humanidad.
Esa es nuestra esperanza.
Ese es nuestro hogar.
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