Tu silencio apagó
el sonido de mis pensamientos,
dulce les otorgó
un momento de paz.
El cielo cargado de luz
de la mañana
se atisbó de estrellas,
cálidas iluminaron tu rostro.
Así la Luna se acarameló
e intentó salir,
aun sabiendo
que no era la ocasión.
Tus manos acariciaron
con ternura las mías
y en un ambiente
cargado de amor
me invitaron a soñar,
a volver a ver a Dios.
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