Nano Guzman
Poeta recién llegado
Sola mi soledad conmigo
se quedo a dormir esta noche
en mi cuarto roído
por el tiempo y el reproche.
Inundado de amargura
no hay quien pueda consolar
esta lagrima que pura
sangre de olvido puede llorar.
Que mate este dolor
que no podrá tanto durar
como aquel sabor
que supura la vieja herida
donde quedo tu amor.
Que este tiempo nunca cura
Solo con mi soledad
suplico por un haz de luz
que clave su puntal
en el corazón que tu
osaste a desarmar.
Tirado en la calle del olvido
mato los minutos
al suspiro de lo vivido.
Y como un indulto
a la violencia de mis actos
me doy el castigo
de amarte, con cada muerto,
más que el mismo
cielo amo a lo que El creo.
Vieja amiga oscuridad
que en la soledad de tu compañía
osas a dejarme, bondad
al sacarme día a día la vida
que mis tristes ojos dan.
Borrando mi mirar, quería
saber de ti, no podía
querer, verte no debía.
Se quemaron mis sueños
en aquel trago seco
que la enlutada bebía
riendo, tenía otro reo
en el ataúd de su prisión.
Otro, ya sin corazón...
No podía escapar
para que aprendió a amar,
no podía quedarse
nunca aprendió a olvidarse.
Se tomo un tiro
al suelo del olvido
se envolvió
en la manta donde quedó.
Baño de rubor
que enfrió su cuerpo,
sacrificio de amor
que le dio perdón.
Baño de candor
aquel que solo sangró
se quedo a dormir esta noche
en mi cuarto roído
por el tiempo y el reproche.
Inundado de amargura
no hay quien pueda consolar
esta lagrima que pura
sangre de olvido puede llorar.
Que mate este dolor
que no podrá tanto durar
como aquel sabor
que supura la vieja herida
donde quedo tu amor.
Que este tiempo nunca cura
Solo con mi soledad
suplico por un haz de luz
que clave su puntal
en el corazón que tu
osaste a desarmar.
Tirado en la calle del olvido
mato los minutos
al suspiro de lo vivido.
Y como un indulto
a la violencia de mis actos
me doy el castigo
de amarte, con cada muerto,
más que el mismo
cielo amo a lo que El creo.
Vieja amiga oscuridad
que en la soledad de tu compañía
osas a dejarme, bondad
al sacarme día a día la vida
que mis tristes ojos dan.
Borrando mi mirar, quería
saber de ti, no podía
querer, verte no debía.
Se quemaron mis sueños
en aquel trago seco
que la enlutada bebía
riendo, tenía otro reo
en el ataúd de su prisión.
Otro, ya sin corazón...
No podía escapar
para que aprendió a amar,
no podía quedarse
nunca aprendió a olvidarse.
Se tomo un tiro
al suelo del olvido
se envolvió
en la manta donde quedó.
Baño de rubor
que enfrió su cuerpo,
sacrificio de amor
que le dio perdón.
Baño de candor
aquel que solo sangró