Alas de marioneta
Poeta asiduo al portal
Si una madrugada, para siempre fuera ayer y nunca más mañana,
le quitaría las vueltas al mundo y al futuro, las horas que pasan,
a los relojes los minutos, a las iglesias, sus campanas,
a las palomas del parque, los bancos y a las mariposas, las alas.
Y los recuerdos serían presentes, compartiendo mi lado con el lado de tu alma,
con tan poco espacio entre tu piel y la mía que tus lunares serían parte de mi espalda.
Tus latidos correrían por mis venas, mi miradas, entre tus pestañas,
mis pasos, alrededor de tí y tú, resbalando por mi cama.
Al levantarnos, se acostarían las nubes, al desayunamos, nos sobrarían las tostadas,
y el café se quedaría frío bajo el sol, allí a lo lejos, detrás de las persianas.
Se inundaría el baño de nuestros besos, remando entre losetas blancas
y al mirarnos, cada vez, el espejo nos sonreiría la mejor de sus miradas.
El techo se teñiría de azul, de infinito las ventanas,
de horizonte el pasillo y al cruzar, te quedarías callada.
¿Sigue siendo ayer?. No, sigue siendo nosotros, te respondería en voz baja,
le quitaría las vueltas al mundo y al futuro, las horas que pasan,
a los relojes los minutos, a las iglesias, sus campanas,
a las palomas del parque, los bancos y a las mariposas, las alas.
Y los recuerdos serían presentes, compartiendo mi lado con el lado de tu alma,
con tan poco espacio entre tu piel y la mía que tus lunares serían parte de mi espalda.
Tus latidos correrían por mis venas, mi miradas, entre tus pestañas,
mis pasos, alrededor de tí y tú, resbalando por mi cama.
Al levantarnos, se acostarían las nubes, al desayunamos, nos sobrarían las tostadas,
y el café se quedaría frío bajo el sol, allí a lo lejos, detrás de las persianas.
Se inundaría el baño de nuestros besos, remando entre losetas blancas
y al mirarnos, cada vez, el espejo nos sonreiría la mejor de sus miradas.
El techo se teñiría de azul, de infinito las ventanas,
de horizonte el pasillo y al cruzar, te quedarías callada.
¿Sigue siendo ayer?. No, sigue siendo nosotros, te respondería en voz baja,
a nuestros relojes les sobrarían las horas y a nuestro calendario las palabras.