Sira
Poeta fiel al portal
Nunca quise
No sé si me creerás si te digo
que no pretendí enamorarme jamás;
que nunca pretendí llegar desnuda
y desvalida a este paraje difuso,
cobijado entre el sueño y la vigilia,
donde cada beso se transforma
invariablemente en un aguzado puñal.
"¿Y qué más da?"
Me repito una y otra vez a mí misma
porque tú no estás hecho para mí,
ni para ocupar un lugar en mi vida.
Pero en el fondo de mi alma,
sé que eso no es verdad.
Y aunque así fuera, ya no importa,
porque fui yo quien quebrantó la única
norma... la más importante de todas.
Y por muchas lágrimas silenciosas que derrame
ya no puedo volverme atrás.
Así que seguiré durmiendo
a tu lado noche tras noche,
abrazada a ti y al mismo tiempo
incapaz de alcanzarte.
Mordiéndome los labios con saña
para aplacar el irresistible,
acuciante anhelo de besarte...
dándote la espalda para que seas tú
quien decida abrazarme por la cintura.
De modo que no sonrías incrédulo
e incisivo cuando te digo
que no quise enamorarme jamás;
ni caminar tomada tan sólo a veces
de tu mano por los escabrosos derroteros
de este onírico mundo fundamentado
en crueles e irrealizables fantasías.
Donde cada beso se te clava en el alma
como en el cuerpo un afilado puñal.
Y es que yo nunca hubiera imaginado
que iba a desear tanto que formaras
parte de mi vida... mas la sutil ironía
del destino ha querido que fueses tú aquel
que redujera mis creencias a nada más
que livianas y volátiles cenizas.
Y aún no he decidido si corresponderte
con amor u odio por ello.
No sé si me creerás si te digo
que no pretendí enamorarme jamás;
que nunca pretendí llegar desnuda
y desvalida a este paraje difuso,
cobijado entre el sueño y la vigilia,
donde cada beso se transforma
invariablemente en un aguzado puñal.
"¿Y qué más da?"
Me repito una y otra vez a mí misma
porque tú no estás hecho para mí,
ni para ocupar un lugar en mi vida.
Pero en el fondo de mi alma,
sé que eso no es verdad.
Y aunque así fuera, ya no importa,
porque fui yo quien quebrantó la única
norma... la más importante de todas.
Y por muchas lágrimas silenciosas que derrame
ya no puedo volverme atrás.
Así que seguiré durmiendo
a tu lado noche tras noche,
abrazada a ti y al mismo tiempo
incapaz de alcanzarte.
Mordiéndome los labios con saña
para aplacar el irresistible,
acuciante anhelo de besarte...
dándote la espalda para que seas tú
quien decida abrazarme por la cintura.
De modo que no sonrías incrédulo
e incisivo cuando te digo
que no quise enamorarme jamás;
ni caminar tomada tan sólo a veces
de tu mano por los escabrosos derroteros
de este onírico mundo fundamentado
en crueles e irrealizables fantasías.
Donde cada beso se te clava en el alma
como en el cuerpo un afilado puñal.
Y es que yo nunca hubiera imaginado
que iba a desear tanto que formaras
parte de mi vida... mas la sutil ironía
del destino ha querido que fueses tú aquel
que redujera mis creencias a nada más
que livianas y volátiles cenizas.
Y aún no he decidido si corresponderte
con amor u odio por ello.
Última edición: