Sueño roto
Poeta recién llegado
Nunca sabrás, que en mis noches te nombro
que recuerdo tu cara y dibujo tu cuerpo,
que hiciste de mi vida, un montón de escombros
y aún entre ellos, mi amor no se ha muerto;
que extiende la mano, igual que Caronte,
la mano descarnada, huesuda y vacía
pidiendo el salario, que le corresponde,
y con una migaja se conformaría.
Nunca sabrás que esta historia fue bella,
que viví a plenitud, cada hora pasada
nunca sabrás que fui tu plebeya
y tú el amo absoluto, que me dominaba.
Y tal vez una noche, al pasar de los años
si Dios lo concede, y aún no hemos muerto
tú mires al cielo, sintiendo algo extraño
porque así de pronto, llegó mi recuerdo.
Tal vez poses los ojos, en la misma estrella,
que en ese momento, yo esté contemplando
y sentiremos el influjo, de una presencia etérea
como si alguien muy querido, nos esté mirando.
Y esa noche hallaremos, muy frío el lecho
y habrá en nuestros labios, un sabor amargo,
ése que nos deja, un único beso:
el beso imposible, del amor lejano...
que recuerdo tu cara y dibujo tu cuerpo,
que hiciste de mi vida, un montón de escombros
y aún entre ellos, mi amor no se ha muerto;
que extiende la mano, igual que Caronte,
la mano descarnada, huesuda y vacía
pidiendo el salario, que le corresponde,
y con una migaja se conformaría.
Nunca sabrás que esta historia fue bella,
que viví a plenitud, cada hora pasada
nunca sabrás que fui tu plebeya
y tú el amo absoluto, que me dominaba.
Y tal vez una noche, al pasar de los años
si Dios lo concede, y aún no hemos muerto
tú mires al cielo, sintiendo algo extraño
porque así de pronto, llegó mi recuerdo.
Tal vez poses los ojos, en la misma estrella,
que en ese momento, yo esté contemplando
y sentiremos el influjo, de una presencia etérea
como si alguien muy querido, nos esté mirando.
Y esa noche hallaremos, muy frío el lecho
y habrá en nuestros labios, un sabor amargo,
ése que nos deja, un único beso:
el beso imposible, del amor lejano...