acontista1967
Poeta recién llegado
OBITUARIO AMOROSO
Amor, anula la luna roma
esta tarde moscardón
- guarida más oscura que la noche más oscura-
y pienso en aquel trono mayestático
que aguarda mi estirón en el malecón del óbito
donde ha de sembrar mi sangre un pequeño firmamento
y ha de tomar la luz del alba mi cuerpo por sorpresa,
para después bajar mi testa, en actitud idónea de ecuánime avestruz.
He de morir atado, amor, por lo que desconozco,
por lo que me es ajeno en absoluto,
por todo lo que al roce de mi tacto
se corre hacia un ridículo matiz
y no puedo proferirlo ya sino a tanteos.
He de morir una noche batracio
que pasará tragándose la luz sin sacudirla;
he de morir de ti, mujer, a golpes bilabiales;
mujer, lejana que te desnudas a gritos de lo diurno y moviente,
como para probarme, muchacha gato,
que dejarás mi tejado y a su turno mi luna
tras testar a mi haber uno que otro rasguño
y poner mis cangrejos a cortar serpentinas.
Tú no pasarás impune
¿Te habría encontrado acaso entre otros avechuchos?
¡No! ¡No! aunque no libes la baba de esta mosca
que zumba entre papeles,
aunque des con un palo a mi órgano enfermizo
y aunque mandes mi perro sediento a los infiernos.
Pero bueno. . . ¿estás?
¿eres oreja, ronroneo, rabo y garras para mi carne tierna?
o ¿será preferible no hacerme ya ilusiones y huir en cuando sea cantando mi estribillo para atrás?:
- Nada Eva es, se ave Adán.
Amor, anula la luna roma
esta tarde moscardón
- guarida más oscura que la noche más oscura-
y pienso en aquel trono mayestático
que aguarda mi estirón en el malecón del óbito
donde ha de sembrar mi sangre un pequeño firmamento
y ha de tomar la luz del alba mi cuerpo por sorpresa,
para después bajar mi testa, en actitud idónea de ecuánime avestruz.
He de morir atado, amor, por lo que desconozco,
por lo que me es ajeno en absoluto,
por todo lo que al roce de mi tacto
se corre hacia un ridículo matiz
y no puedo proferirlo ya sino a tanteos.
He de morir una noche batracio
que pasará tragándose la luz sin sacudirla;
he de morir de ti, mujer, a golpes bilabiales;
mujer, lejana que te desnudas a gritos de lo diurno y moviente,
como para probarme, muchacha gato,
que dejarás mi tejado y a su turno mi luna
tras testar a mi haber uno que otro rasguño
y poner mis cangrejos a cortar serpentinas.
Tú no pasarás impune
¿Te habría encontrado acaso entre otros avechuchos?
¡No! ¡No! aunque no libes la baba de esta mosca
que zumba entre papeles,
aunque des con un palo a mi órgano enfermizo
y aunque mandes mi perro sediento a los infiernos.
Pero bueno. . . ¿estás?
¿eres oreja, ronroneo, rabo y garras para mi carne tierna?
o ¿será preferible no hacerme ya ilusiones y huir en cuando sea cantando mi estribillo para atrás?:
- Nada Eva es, se ave Adán.