Morgan H.Yabar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Era un acto reflejo, en principio.
Luego, ocurría el sueño.
Debían las cuencas de los ojos,
poderse voltear hacia afuera
y debía también el humo poderse retorcer
lo suficiente para tocarnos.
¡Cuánta belleza!
¡Cuánta monstruosidad, haciendo de puntadas,
para poder respirar!
Y el beso, de pura verdad, obsceno.
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