eduardocarpio
Poeta adicto al portal
Obviedades
Aprender y/o disfrutar de lo que se lee es lo relevante, que a uno le guste expresarse, también, pero nunca fijándose un techo, sino en la medida de su disposición –talante, talento, cultura, …- sintiéndolo como propio. Luego si alguien lo lee y le gusta es cuestión, -¿milagrosa?- que a unos envanece sin más y a otros empuja a empequeñecer cada día, un poquito, el abismo de la ignorancia; sin forzar el retruécano, la especie abunda en la primera categoría; los restantes son los que, humanos, tienen ego casi siempre enorme, pero capaces de reconocerlo. Por ello, nada debería resumirse en "que hago yo aquí" o, si me apuran, "mis límites son tan estrechos como mi incompetencia". No. La osadía es una virtud ética -¿cardinal?- objetable, sí, pero ineludible para conocernos mejor a nosotros mismos y, además, ayuda a los demás a distinguir el lado frágil. Un cobarde nunca lo haría.
eduardocarpio
26 de febrero de 2014
Aprender y/o disfrutar de lo que se lee es lo relevante, que a uno le guste expresarse, también, pero nunca fijándose un techo, sino en la medida de su disposición –talante, talento, cultura, …- sintiéndolo como propio. Luego si alguien lo lee y le gusta es cuestión, -¿milagrosa?- que a unos envanece sin más y a otros empuja a empequeñecer cada día, un poquito, el abismo de la ignorancia; sin forzar el retruécano, la especie abunda en la primera categoría; los restantes son los que, humanos, tienen ego casi siempre enorme, pero capaces de reconocerlo. Por ello, nada debería resumirse en "que hago yo aquí" o, si me apuran, "mis límites son tan estrechos como mi incompetencia". No. La osadía es una virtud ética -¿cardinal?- objetable, sí, pero ineludible para conocernos mejor a nosotros mismos y, además, ayuda a los demás a distinguir el lado frágil. Un cobarde nunca lo haría.
eduardocarpio
26 de febrero de 2014
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